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Perdonar y pedir perdón
 
 
 

Fecha publicación: 2016-01-03

Fuente/Autor: Dra. Verónica Vera C. PSICOLOGA CLINICA Si desea un tema en especial sugiéralo: ps.cl.v.vera@gmail.com Telf. 0993932483 Hay consenso en considerar que perdonar consiste en un cambio de conductas destructivas voluntarias dirigidas contra el que ha hecho el daño, por otras constructivas. (McCullough, Worthington, y Rachal, 1997).
 
Cuando alguien te hace daño es como si te mordiera una serpiente. Las hay que tienen la boca grande y hacen heridas inmensas. Curar una mordedura así puede ser largo y difícil; pero cualquier herida se cierra finalmente.

Solo que el problema es mucho peor si la serpiente es venenosa y, que aunque se ha ido, te deja un veneno dentro que impide que la herida se cierre. Los venenos más comunes son:

La venganza, el ojo por ojo y el de buscar justicia y reparación por encima de todo.

Cuando nos hacen daño la reacción inmediata y lógica es ir contra quien nos lo hizo; pero esta reacción lógica y natural tiene sus problemas.

Cada vez que piensas en la venganza, o la injusticia de a que has sido víctima, la herida se abre y duele, porque recuerdas el daño que te han hecho y el recuerdo del sufrimiento te lleva a sentirlo de nuevo.

Sacar el veneno de tu cuerpo implica dejar de querer vengarse, en resumen, dejar de hacer conductas destructivas hacia quien te mordió.

Por eso, si quieres que la herida se cure, has de dejar los pensamientos voluntarios de venganza hacia quien te hizo daño.

Es una forma de presentar que el perdón es terapéutico, resaltando los procesos psicológicos que subyacen y los beneficios personales que tiene ejercerlo.

De esta forma, se ven los efectos que tiene perdonar, dejando a un lado las connotaciones religiosas, sociales, etc.

Perdonar es un elemento relativamente nuevo en la terapia, comienza a introducirse tímidamente en los años 70; pero no es hasta los 90 cuando se empieza a considerar una herramienta terapéutica a tener en cuenta, y que sus efectos positivos en la persona son importantes. (Wade y otros, 2008).

Qué es el perdón

Algunos consideran que perdonar no solamente incluye que cesen las conductas dirigidas contra el ofensor, sino que incluye la realización de conductas positivas.

En consecuencia, para perdonar, es preciso comprometerse, por el propio interés, con el pensamiento de querer lo mejor para esa persona, aunque sea solamente que recapacite y no vuelva a hacer daño a nadie o deseando que le vaya bien en la vida.

El perdón no es un acto único que se hace en un momento dado, es un proceso continuo que se puede ir profundizando y completando a lo largo del tiempo.

El primer paso consiste en dejar de hacer conductas destructivas abiertas y explícitas (como cesar de buscar venganza o justicia, quejarse a todo el mundo, etc.) o encubiertas e implícitas (como desear conscientemente mal al agresor, rezar para que le pase algo malo, rumiar el daño que se ha recibido, etc.).

El segundo nivel es hacer conductas positivas hacia él.

El tercero es completando el perdón, si hay respuestas positivas por el perdonado, se puede llegar a restaurar la confianza en el agresor.

El considerar que hay distintos niveles de perdón, implica que para entender realmente en qué consiste el perdón terapéutico y hasta donde está dispuesto a llegar el paciente, sea necesario explicar con detalle el proceso que se va a seguir para perdonar.

Qué no es el perdón

Es preciso que el ofensor realice una restitución del daño que ha causado, si es posible, o cumpla la pena que la sociedad le imponga.

No el perdón consiste en que el que perdona deja de buscar activamente que se haga justicia y es parco en las consecuencias que busca y, sobre todo, no intenta obtener justicia, con el evidente arrepentimiento del agresor.

El proceso de perdonar

Si el daño que se ha recibido trasciende el hecho emocional de sentirse injustamente tratado, y se ha convertido en el centro de la vida del ofendido o interfiere con el seguimiento de otros valores, el perdón le permitirá poner distancia emocional para tener en cuenta todos los valores que está dejando de atender.

Hay que tener en cuenta que no se trata de ponerse en riesgo de que el daño se pueda volver a repetir.

Análisis y reconocimiento del daño sufrido.-

El proceso comienza en la fase de análisis de lo ocurrido, incluyendo en ella el reconocimiento del daño que se ha recibido, es preciso reconocer que se ha recibido un daño que duele, y aceptar ese dolor, se hace de forma lo más objetiva posible, lo que va a permitir entender las motivaciones del ofensor; lo que constituye un comienzo para construir una cierta empatía hacia el otro que está en la base del perdón.

También han de analizarse con detalle las circunstancias que han influido para llevarle a hacernos daño.

Elegir la opción de perdonar.-

El perdón para la víctima es una buena opción en cualquier caso.

Cuando hemos dejado a un lado los valores para centrarnos en la venganza y le hemos dedicado tiempo y recursos, pueden estar afectadas otras áreas de nuestra vida.

Es en los valores afectados por la concentración en vengarnos en los que tenemos que encontrar los motivos para elegir perdonar.

Aceptación del sufrimiento y de la rabia.-

El perdón no supone que se rechacen y esté mal tener sentimientos de rabia, de ira o deseos de venganza, aunque a algunos pueda parecerles que el perdón lo implica.

El problema no está en tener esos sentimientos o pensamientos, sino en actuar dejándose llevar por ellos en contra de los valores e intereses más importantes de tu vida.

Establecer estrategias para autoprotegerse.-

El perdón no implica la aceptación incondicional del peligro de que ocurra de nuevo el ataque.

Analizando lo que ha ocurrido, la víctima se puede dar cuenta de cuáles eran los indicios que indicaban el peligro, lo que le dará más posibilidades de evitarlo en el futuro.

Una expresión explícita de perdón.-

Es un paso importante aunque algunos pacientes puedan pensar que es solamente simbólico y vacío de contenido.

Se pueden articular maneras para hacerlo, pero lo importante es que el recuerdo del daño ya no lastime.

El proceso de pedir perdón

Comenzaría en una primera etapa de análisis de lo que ha pasado, de las circunstancias, motivos y emociones que han concurrido en el daño que hemos hecho y de los efectos que ha causado.

Para pedir realmente perdón tiene que haber un arrepentimiento que incluye un dolor por el sufrimiento causado que no puede quedar solamente en palabras, sino que ha de articularse en acciones comprendidas en un plan concreto que permitan que aquello no vuelva a ocurrir y que restituyan el mal realizado.

Profundizando en esta línea y dejando a un lado las connotaciones ideológicas y religiosas del perdón, desde un punto de vista terapéutico la petición de perdón se puede hacer siguiendo los siguientes pasos:

Reconocer que lo que hizo causó daño y ofendió al otro.-

Este proceso es positivo cuando se hace mientras se va informando al otro de lo ocurrido.

Sentir de verdad el dolor del otro.-

Para pedir perdón es preciso ser consciente de que se ha hecho un daño importante al otro.

Analizar su propia conducta.-

Para el ofensor, saber cómo y por qué hizo lo que hizo es interesante en sí mismo. Compartir ese conocimiento con la otra persona es un paso necesario para avanzar en el proceso de pedir perdón y llegar a la reconciliación.

Definir un plan de acción para que no vuelva a ocurrir.-

Todo el plan ha de hacerse indicando los objetivos operativos, el tiempo y los medios que se van a dedicar a conseguirlos.

No se trata de establecer solamente buenas intenciones, las acciones han de ser concretas.

Restituir el daño causado.-

Siempre que sea posible. No sería de recibo pedir perdón y quedarse con las ventajas que se han obtenido de la ofensa.

Pedir perdón explícitamente al otro.

 
 
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