Tricotilomania o comerse el pelo



Fecha de Publicación: 2013-07-17

Fuente/Autor: Realizado por el Dr. Fernando Robles Cuñas - Psicólogo Clínico

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Comerse las uñas o la carne muerta sobrante de los dedos, son manías detestables para la mayoría de los mortales, por tradición y por inercia, las acabamos asumiendo como hábitos más o menos comprensibles en nuestra sociedad.

Pero… ¿Qué me decís de comerse el cabello? ¿Qué palabra os viene a la mente? ¿Repugnante? ¿Retorcido? ¿Desagradable?

Aunque resulte difícil de creer, es una enfermedad que padecen muchas personas en la actualidad cuyo nombre exacto es tricotilomania, quienes padecen esta enfermedad nerviosa y obsesiva no pueden evitar tirar de su cabello hasta conseguir arrancárselo uno por uno o a matojos, y acto seguido ingerirlo como si se tratara de un alimento más.

Esto genera un grave problema de acumulación de pelo en el estómago que en la mayoría de casos termina en los quirófanos y en las páginas de noticias insólitas.

¿Cuál puede ser el germen? Es decir, ¿en qué momento una persona y fruto de qué comienza a sufrir esta extraña patología?

Los investigadores especializados en el tema apuntan principalmente al estrés y a la presión laboral y familiar, si alguno de los lectores que nos leen habitualmente sufre esta o alguna patología sabemos de especialistas que le pueden ayudar, así que no tengáis miedo de compartir vuestro problema. Estamos con vosotros.

La tricotilomanía suele comenzar, por lo general, en la infancia, de los 3 a los 6 años o en la preadolescencia, entre los 10 y los 13 años, aunque también se puede dar en la edad adulta.

Para el psicólogo hay tres características clave que definen este trastorno: "Su cronificación con el paso del tiempo, la recidiva (recaídas frecuentes) y la vergüenza social que provoca".

El porqué se desencadena esta enfermedad no está claro, los expertos apuntan varias causas que van desde las genéticas (algunos creen que es hereditario, aunque no se ha podido demostrar) hasta las biológicas o ambientales, como las situaciones de estrés.

Cristina, estudiante de enfermería que sufre tricotilomanía, reconoce (afectada) que "no sabría explicar cuándo exactamente me estiré el primer pelo ni por qué lo hice, por más que me paro a pensar no sé por qué empecé", de hecho, 2 tercios de los encuestados no saben cuál fue la situación que desencadenó el problema, mientras que un pequeño porcentaje lo achaca a situaciones de estrés o a alguna vivencia traumática.

En cuanto a la relación con otros trastornos, un 37% de los tricotilómanos padece o ha padecido depresión y el 29% también se come las uñas, algunos de ellos (un 22%) se comen el pelo que se arrancan (tricofagia). "Este último trastorno forma pelotas de pelo en el estómago y requiere una solución quirúrgica", explican los especialistas.

"La tricotilomanía tiene un impacto emocional muy profundo en quienes los sufren", argumenta Raikes, según José Manuel, "puede llegar a dominar la vida de la persona, que al ver sus calvas no se atreve ni a salir de casa y se siente diferente a los demás".

Esto último es lo que le pasó a Ana, ingeniera técnica, quien se considera una persona "muy abierta y amigable", pero "me levantaba llorando sin querer ir a clase porque no sabía cómo peinarme, era una situación horrible".

Para tratar de evitar arrancarse el pelo, los pacientes señalan que lo mejor es "encontrar un hobby que te mantenga las manos ocupadas".

Tratamiento: Acudir a un psicólogo clínico para recibir tratamiento terapéutico que le ayude a controlar su ansiedad.



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