Hoy se recuerda una “masacre” del 15 de noviembre de 1922


Fecha de Publicación: 2017-11-15

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El 15 de noviembre de 1922, el Ecuador se vistió de luto. Cientos de trabajadores guayaquileños, al reclamar sus derechos laborales, fueron acribillados y asesinados. Mas tarde aparecieron varios cadáveres en el rió Guayas.

En el siglo pasado, durante la década de los 20, en sector económico del país había definido sus bases gracias al desarrollo agro-comercial del cacao, creando así una dependencia con los sectores externos.

José Luis Tamayo llegó a la Presidencia del país que gestaba poco a poco la crisis con la caída de los precios del cacao. Además debía de manejar una gran deuda que tenía el estado con el Banco Comercial y Agrícola.

El 15 de octubre de 1922 en Guayaquil se creó la federación de trabajadores regional ecuatoriana. En los primeros días de noviembre, se genera una huelga de grandes proporciones en Guayaquil protagonizada por los trabajadores del transporte urbano y la empresa eléctrica. Entonces el 13 de noviembre se convocó a un paro general.

El 14 de este mismo mes obreros huelguistas desfilaron hacia la gobernación del Guayas y entregaron al gobernador Jorge Pareja, un pliego de peticiones con reformas laborales, sin una respuesta concreta del presidente de la República.

El 15 de noviembre una manifestación de más de 30 mil trabajadores salió a la calle avanzando hasta la prisión, donde estaban detenidos algunos obreros que habían sido capturados en las protestas de días anteriores. Mientras tanto tropas militares habían recibido la consigna por parte del presidente Tamayo de mantener el orden a cualquier costo.

La huelga se convirtió en una matanza que no respetó ni mujeres ni niños, hubo centenares de muertos acribillados por las tropas del gobierno que dispararon contra la multitud.

Según registros de la prensa local la protesta dejó más de un centenar de obreros muertos, aunque algunos historiadores hablan de entre 300 y 500 víctimas, cuyos cuerpos fueron arrojados en su mayoría al río Guayas.

Al final de este 15 de noviembre, los restos de las personas masacradas fueron lanzados a una fosa común, y otros arrojados al río Guayas.

Esta masacre se convirtió en el despertar de las reivindicaciones laborales en Ecuador. La matanza de la que fuera responsable gobierno de José Luis Tamayo fue justificada con el argumento de que se había disparado contra saqueadores y delincuentes. Los responsables nunca fueron sancionados, quedando los hechos en la impunidad.

Cruces sobre el agua

Existe una historia que conocemos a cerca de los hechos del 15 de noviembre de 1922, la que nos cuentan a través del libro de Joaquín Gallegos Lara, donde narra que en esa revuelta los soldados, luego de matar a sus víctimas, les abrían el vientre con sus bayonetas y luego los tiraban al río para que no refloten.

Por su parte el historiador Óscar Efrén Reyes, en su “Historia del Ecuador” sobre el 15 de noviembre de 1922, manifiesta:

“Las masas fueron rodeadas y los soldados realizaron una espantosa carnicería en las calles, en las plazas y dentro de las casas y almacenes. La matanza no terminó sino avanzadas horas de la tarde. Cuantos grupos pudieron se salvaron solamente gracias a una fuga veloz. Luego, en la noche, numerosos camiones y carretas se dedicaron a recoger los cadáveres y echarlos a la ría”.

Impunidad

Se habla de una masacre aquel 15 de noviembre de 1922, que fue un acto que ha quedado en la impunidad. Aquella protesta de los trabajadores desembocó en la matanza de cientos de ellos por el hecho de salir a protestar en busca de sus derechos laborales. La represión del gobierno de ese entonces hizo que esta manifestación terminara en una “cruel masacre en donde caían todos aquellos que levantaban una voz para que sus derechos sean respetados”, afirma el Blog Nuestras Leyes.

Dicen que no es así

Sin embargo de acuerdo al portal Enciclopedia del Ecuador, los hechos no se dieron con tal grado sanguinario como describen historiadores y articulistas.

En 1920 asume la presidencia de Ecuador el Dr. José Luis Tamayo para gobernar hasta 1924. Por aquella época se venía viviendo una crisis económica de grandes magnitudes producto de la Primera Guerra Mundial. Desde 1914 y consecuentemente de las restricciones a los países de Sudamérica y especialmente de Ecuador, la situación adversa llegó a límites casi insostenibles para la economía nacional y se presentó con todo su agudeza.

Esto afectó a todos los ecuatorianos, especialmente desde 1922, cuando el país debió enfrentar una dura situación económica debido a la falta de divisas, originada por el exceso de importaciones y la falta de exportaciones; pues en ese tiempo el rubro más importante sobre el que se basaba la economía nacional era la exportación del cacao, cuyo precio -precisamente en ese año- había sufrido una significativa caída en el mercado internacional.

La especulación no tardó en llegar tras la falta de divisas. El costo de la vida alcanzaba niveles imposibles de soportar, sobre todo por las clases más necesitadas; por otro la moneda ecuatoriana fue desvalorizada, y el dólar americano que anteriormente se lo compraba a S/. 2,oo, se lo adquiría a partir de ese momento en S/. 3,20.

Entonces viene el descontento de los trabajadores, al observar que sus salarios no estaban de conformidad con los gastos para vivir. Se organizaron en diferentes gremios laborales y empezaron a exigir mejoras en sus pagos.

La clase obrera guayaquileña reclamó mejores salarios, reducción de las horas de trabajo y, sobre todo, la incautación de los giros internacionales para evitar la especulación con su venta, no obstante el gobierno no respondió estos pedidos y en los primeros días de noviembre de 1922 decretaron en Guayaquil la primera gran huelga general de trabajadores.

Varios movimientos salían a las calles de manera constante interrumpiendo la actividad comercial, industrial, social y económica de la ciudad.

Según manifiesta La Enciclopedia del Ecuador, el Dr. José Vicente Trujillo, que ejercía el cargo de Síndico de los Centros Obreros, pronunció el día 14 un efusivo discurso en la que dijo: “…hasta hoy el pueblo ha sido cordero, pero mañana se convertirá en león”.

Al día siguiente, es decir el 15 de noviembre de 1922 se inició la gran huelga anunciada, la misma que comenzó cuando grandes masas de trabajadores se dieron cita en la Plaza del Centenario, mientras otros lo hacían en la Av. Eloy Alfaro

Como suele suceder en muchas manifestaciones, incluso hasta el día de hoy, cuando los ánimos se caldearon en las arengas que expresaban los síndicos, varios delincuentes y anarquistas criollos, influenciados por las noticias políticas de Rusia, se infiltraron en la huelga general e intentaron desarmar a las fuerzas policiales, apostadas en diversos lugares de la ciudad.

Empezaron las incitaciones para asaltar los almacenes y en la Av. 9 de Octubre se inició un desenfrenado saqueo que obligó a la policía a realizar disparos al aire, primero, y luego al cuerpo de los asaltantes.

Horas más tarde y solo gracias a la intervención del ejército y la policía, se pudo detener el vandalismo, con el lamentable saldo de gran número de muertos.

Posteriormente, cuando aquellos que pidieron a las autoridades que actuaran con mano dura se lavaron cobardemente las manos tratando de rehuir sus responsabilidades, el Gral. Enrique Barriga, Jefe de Zona de Guayaquil, declaró virilmente: “Yo soy el único responsable de esos sucesos”.

Tres días más tarde todo -o casi todo- había vuelto a la normalidad. Se restableció el servicio eléctrico, los bancos abrieron sus puertas con normalidad y las actividades generales volvieron a marcar el ritmo laboral de Guayaquil, aunque aún se podían ver las huellas de los destrozos causados en los almacenes y negocios que habían sido saqueados, y en las calles persistía la presencia de policías y militares que custodiaban la ciudad.

La tragedia de Guayaquil pudo haberse evitado si el gobierno hubiera atendido prontamente las reclamaciones de los trabajadores y, sobre todo, si no hubieran aparecido los denominados “heroicos y sacrificados dirigentes clasistas y politiqueros”, que a la hora de la verdad son siempre los primeros en salir corriendo y los últimos en dar la cara, afirma la Enciclopedia del Ecuador.

En todo caso, la revolución del 15 de noviembre de 1922 marcó el inicio de las transformaciones sociales de los trabajadores ecuatorianos y sus consecuencias económicas tuvieron fundamental incidencia, tres años más tarde, en la Revolución Juliana.

La lección

Joaquín Martínez Amador,-El 15 de noviembre de 1922, constituye otro hecho histórico de Ecuador, en la que la única lección que debe quedar en la retina de los ecuatorianos es aquella de la igualdad de oportunidades, que es muy diferente a igualdad de riqueza. La igualdad de riqueza no existe, por ello jamás debemos dejarnos engañar por los politiqueros y algunos de extrema izquierda que te hablan de igualdad y que luches por esa supuesta igualdad, cuando ellos tienen cuentas exorbitantes en bancos extranjeros. Insistimos, la igualdad de oportunidad debe existir, eso le corresponde al gobierno y a partir de ello, podemos llegar a una libertad económica y eso dependerá de cada uno de nosotros.


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