Sin embargo, la coyuntura favorable para la emancipación de la ciudad y su región de influencia sobrevino una década más tarde, después del pronunciamiento libertario de los criollos de Guayaquil del 9 de octubre de 1820. Para entonces, Cuenca era otra de las regiones socioeconómicas clave en la estructura del país colonial y las escasas familias criollas propietarias de tierras, así como la élite de comerciantes, manejaban las riendas del poder local, manteniendo estrechos lazos económicos con Guayaquil y Lima. Tras la emancipación de Guayaquil, esa capa dominante advirtió las ventajas que reportaría la liberación de la región contra el colonialismo hispánico y, entonces, se decidió por la definitiva independencia.

Aunque el malestar ya se expresaba desde hacía meses, el 3 de noviembre de 1820 se produjo en Cuenca un audaz "golpe de Estado" que involucró a patriotas de la élite criolla de la ciudad, oficiales de la milicia comprometidos con ellos y pobladores entusiasmados con la revuelta.

El alma del movimiento fue José María Vásquez de Noboa, quien, como alcalde de Primer Voto, había convocado a una sesión de Cabildo ampliado, en la que se complotó, decidiendo quitar las armas a la escolta militar, al momento de dar lectura a las ordenanzas reales, acción que fue ejecutada el día señalado por el teniente Tomás Ordóñez, seguido de Vicente Toledo, Ambrosio Prieto y otros jóvenes patriotas.

Desencadenada la rebelión, los líderes y sus seguidores consideraron indispensable la derrota y sometimiento del cuartel principal, en el que se concentraron las tropas realistas al mando del coronel Antonio García Trelles. Pero la resistencia fue mayor que la que esperaban los revolucionarios concentrados en San Sebastián y el Chorro que, con el pasar de las horas, veían frustrarse gravemente sus esperanzas. En tales circunstancias, fueron enviadas comisiones a los pueblos vecinos, a fin de obtener refuerzos para la desigual lucha que afrontaban.

La tarde del día 4 de noviembre, llegó el cura de Chuquipata, Javier Loyola, encabezando un nutrido contingente. Gracias a este auxilio, se pudo derrotar la resistencia del realista cuartel de la ciudad. Allí mismo se proclamó la "Provincia Libre de Cuenca". José María Vásquez de Noboa fue nombrado jefe Civil y Militar.

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Hoy día de Cuenca


Fecha de Publicación: 2017-11-03

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Desde el año 1795 hubo en Cuenca la expresión pública por conseguir la libertad, en diferentes lugares de la ciudad, el día 25 de marzo de este año, circularon unos manuscritos que contenían ideas de libertad como una reafirmación de la conciencia cívica y amor a su tierra.

Los patriotas cuencanos revelaron su sentimiento de amor a la independencia en estos letreros que contenían lo siguiente: "A morir o vivir sin el Rey prevengamos, valeroso vecindario. Libertad queremos, y no tantos pechos y opresiones".Pero sólo fue cuando estalló la revolución de Quito, el 10 de agosto de 1809, y a pesar de que Cuenca seguía siendo un bastión realista, empezó ahí y además en Guayaquil y Pasto, donde se prepararon tropas para someter a la Junta Soberana instaurada en la capital de la Audiencia.

Sin embargo, la coyuntura favorable para la emancipación de la ciudad y su región de influencia sobrevino una década más tarde, después del pronunciamiento libertario de los criollos de Guayaquil del 9 de octubre de 1820. Para entonces, Cuenca era otra de las regiones socioeconómicas clave en la estructura del país colonial y las escasas familias criollas propietarias de tierras, así como la élite de comerciantes, manejaban las riendas del poder local, manteniendo estrechos lazos económicos con Guayaquil y Lima. Tras la emancipación de Guayaquil, esa capa dominante advirtió las ventajas que reportaría la liberación de la región contra el colonialismo hispánico y, entonces, se decidió por la definitiva independencia.

Aunque el malestar ya se expresaba desde hacía meses, el 3 de noviembre de 1820 se produjo en Cuenca un audaz "golpe de Estado" que involucró a patriotas de la élite criolla de la ciudad, oficiales de la milicia comprometidos con ellos y pobladores entusiasmados con la revuelta.

El alma del movimiento fue José María Vásquez de Noboa, quien, como alcalde de Primer Voto, había convocado a una sesión de Cabildo ampliado, en la que se complotó, decidiendo quitar las armas a la escolta militar, al momento de dar lectura a las ordenanzas reales, acción que fue ejecutada el día señalado por el teniente Tomás Ordóñez, seguido de Vicente Toledo, Ambrosio Prieto y otros jóvenes patriotas.

Desencadenada la rebelión, los líderes y sus seguidores consideraron indispensable la derrota y sometimiento del cuartel principal, en el que se concentraron las tropas realistas al mando del coronel Antonio García Trelles. Pero la resistencia fue mayor que la que esperaban los revolucionarios concentrados en San Sebastián y el Chorro que, con el pasar de las horas, veían frustrarse gravemente sus esperanzas. En tales circunstancias, fueron enviadas comisiones a los pueblos vecinos, a fin de obtener refuerzos para la desigual lucha que afrontaban.

La tarde del día 4 de noviembre, llegó el cura de Chuquipata, Javier Loyola, encabezando un nutrido contingente. Gracias a este auxilio, se pudo derrotar la resistencia del realista cuartel de la ciudad. Allí mismo se proclamó la "Provincia Libre de Cuenca". José María Vásquez de Noboa fue nombrado jefe Civil y Militar.


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