A 16 años del atentado de las Torres Gemelas, nada se borra…se recuerda.


Fecha de Publicación: 2017-09-11

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Hoy se cumplen 16 años del atentado mundial que ocasionaran un puñado de terroristas, contra las torres gemelas en Estados Unidos, el 11 de septiembre del 2001.

Los restos de una víctima de los atentados del 11 de Septiembre contra las torres gemelas fueron identificados por el médico forense de Nueva York hace un mes, es decir después de 16 años del atentado. La oficina del forense informó que se trata de un hombre, identificado por pruebas de ADN, pero su nombre no se dio a conocer por petición de la familia.

Los atentados terroristas del 11 de septiembre del 2001, en el que dos aviones chocaron contra las Torres Gemelas en Nueva York, otro contra el Pentágono y otro que cayó en Pensilvania, dejaron cerca de 3,000 muertos.

Los atentados

A las 8.45 de la mañana (hora de Nueva York) de ese dia fatidico, un Boeing 767 de American Airlines se estrelló entre los pisos 93 y 99 de la Torre Norte del World Trade Center, los televidentes no sospecharon la aterradora verdad. Algunos, distraídos, creyeron que el impacto y el humo eran una ficción. Quizá el trailer de un film.

Apenas 18 minutos después, un Boeing idéntico y de la misma compañía impactó entre las plantas 77 a 85 de la Torre Sur. Los dos aviones debían cumplir el mismo trayecto (Boston–Los Ángeles), pero fueron desviados por terroristas de Al–Qaeda, la organización regida por Osama Bin Laden.

Entre pasajeros y tripulantes, en ambos murió un total de 157 personas. Sin embargo, fue apenas el comienzo de la mayor tragedia norteamericana aire–tierra desde el bombardeo japonés a la base naval de Pearl Harbor, Hawaii: 2.403 muertos y 1.178 heridos. Bajas superadas por la destrucción de las Torres Gemelas: 2.823 muertos y 6.000 heridos.

16 años han pasado, pero jamás se apagarán la memoria ni las voces de quienes recuerdan a sus muertos o de los sobrevivientes.

Testimonios

A las 8.46, un minuto después del impacto en la primera torre, Michael Hingson, ciego de nacimiento, se levantó de la silla en su oficina del piso 78 de la torre norte, para buscar algo, y escuchó "un estallido" que lo paralizó. "Roselle, mi perro guía, se acercó a mí. Tomé su correa y le dije ¡Adelante! . Salimos de la oficina lentamente. Todo era humo, ruido y confusión. Pero Roselle y yo éramos un gran equipo. Serenos, logramos bajar los 1.463 escalones, y ya en la calle sentí el aire, todavía fresco, en la cara. ¡Estábamos a salvo!".

El nigeriano Muyiwa Onigbogi (39), empleado de una empresa inmobiliaria, llegó muy temprano a su oficina del piso 82 de la Torre Norte. "De pronto, el piso se sacudió. Con una colega fuimos hasta una de las muchas escaleras, mientras miles hicieron lo mismo. No corrimos: bajamos rápido y a buen ritmo. El humo se filtraba desde arriba; era muy difícil respirar. Apenas llegamos al lobby, la torre de al lado colapsó. Todo fue polvo y escombros. En la oscuridad, con la nariz y la garganta tapadas por la ceniza, ¡corrí por mi vida! Pasado un año de aquel día, sigo teniendo problemas para respirar, y no puedo dormir. Es como seguir atrapado y revivir el desastre todos los días. Cuando mi psicólogo me pregunta qué me perturba más, le digo: ¡las caras de los bomberos subiendo mientras nosotros bajábamos! No voy a olvidarlo jamás".

Pasquale Buzzelli (32), norteamericano y empleado de la Autoridad Portuaria de Nueva York y Nueva Jersey, estaba en su oficina del piso 64 de la Torre Norte cuando se estrelló el primer avión. "Con otros quince compañeros llamamos al personal de seguridad del edificio mientras ya, por la ventana, veíamos caer hierros y vidrios. Al principio me pareció que lo mejor era quedarnos, no bajar por las escaleras, porque en el 93 hubo un incendio y vi que se llenaban de humo. Pero cuando la segunda torre, la sur, fue atacada, empezamos a temer. Todos hablamos por teléfono con nuestras familias, y nos gritaban, angustiadas: ¡Váyanse de allí! ¡No pierdan tiempo! . Pero el humo empezó a invadir nuestro piso… Cubrimos los marcos de las puertas con ropas mojadas, pero fue inútil. Cuando la Torre Sur se derrumbó, empezamos a bajar. Otro sacudón nos cubrió de escombros: cemento, caños, de todo… Me tiré en un descanso de la escalera, y en posición fetal me puse a rezar. Le pedí a Dios que cuidara a mi familia, y que si debía morir, la muerte me llegara despacio. Algo me golpeó en la cabeza, y no recuerdo nada más".

A las 8.05 de ese 11 se septiembre, desde su escritorio en el piso 81 de la Torre Norte, Sujo John (27) le escribió un correo electrónico a su mejor amigo: "Estoy deprimido". En febrero de ese año dejó su India natal, se instaló en un suburbio de Nueva York, y empezó un nuevo trabajo.

Su mujer, Mary, embarazada de cuatro meses, trabajaba en la torre contigua: la sur, piso 71. Separados por el espacio entre los dos colosos y diez pisos, aguardaban la hora de salida para viajar juntos hasta su casa.

Es posible que la depresión de Sujo se debiera al brusco cambio de vida: entre Oriente a Occidente hay mucho más que miles de kilómetros.

A las 8.45, una brutal explosión lo sacó de sus cavilaciones. "El edificio vibró y tembló. Nuestro piso se llenó de gritos: ¡Se estrelló un avión… se estrelló un avión contra la torre! . Los restos del avión cayeron casi a nuestros pies, y todo el piso de incendió. A pesar de las llamas, quisimos mantener la calma, pero fue imposible. Arriba y debajo de nosotros había un enorme cráter. Por primera vez comprendí que era mortal: algo que cuando eras muy joven te parece imposible. Huimos del fuego y llegamos a las escaleras. En ese momento sólo pensé en mi esposa y su embarazo. Traté de comunicarme con ella, pero los celulares no funcionaban.

Una hora y media después pude llegar al primer piso. Todo era una imagen de muerte y destrucción: restos del fuselaje del avión, maderas ardiendo, vidrios rotos, cuerpos por todos lados. Era una zona de guerra. Caminé como pude hasta la otra torre con la esperanza de encontrar a Mary, pero cuando ya estaba muy cerca, el suelo empezó a temblar luego de otra explosión. La torre sur estaba destruida. Llovían enormes rocas y pedazos de acero. Caí y quedé rodeado de hollín y vidrio. Me levanté y vi cadáveres por todas partes. Casi cegado, vi una luz a pocos metros. Era un agente del FBI con una linterna. Nos agarramos de las manos y empezamos a caminar durante una hora respirando humo y cenizas”.

Evaluación en numeros

Muertos: 2.823. Heridos: 6.000. Por cada mujer murieron 3 hombres. Promedio de edad de los muertos: entre 35 y 39 años. Tempertura que alcanzó el fuego: 1.260 grados. Tiempo que tardó el fuego en apagarse totalmente: 69 días. Partes de cadáveres hallados: 19.500. Cuerpos intactos: 291. Víctimas identificadas: 1.216. Niños huérfanos después del atentado: 1.300. Bebés que nacieron de mujeres cuyos maridos murieron ese día: 17. Crecimiento de alcohol y cigarrillos: 25 y 10 por ciento, en ese orden. Familias que no recibieron restos de los cuerpos: 1.717. Estrés post–traumático en Manhattan: 200 por ciento, incluidos más de 10.000 alumnos de escuelas públicas. Toneladas de escombros removidas: 1.506.124. Comienzo del bombardeo de los Estados Unidos a Afganistán, entonces posible refugio de Bin Laden: 26 días. Pérdida económica de Nueva York: 105.000.000.000 de dólares. Pagado por las empresas de seguros: 40.200.000.000 de dólares. Dinero a cada persona que perdió a su cónyuge: 1.000.000 de dólares.


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