Hoy se cumplen 208 años del Primer Grito de Independencia


Fecha de Publicación: 2017-08-10

Noticia Vista : 3135  Veces.

   

9 de agosto de 1809, 9 de agosto 2017

La pagina de la historia nacional descrita y registrada en OPINION, señala que un día como hoy, en la mañana del 10 de agosto de 1809, Antonio Ante se encargó de presentar, ante el Presidente de la Real Audiencia, Manuel Urriez, Conde Ruiz de Castilla, el oficio mediante al cual se le daba a conocer que había cesado en sus funciones y que el gobierno lo asumía la Junta Soberana de Quito.

Al mismo tiempo, Juan de Salinas se encargó de la guarnición, que, de inmediato, se pronunció a favor de la Junta.

Los criollos de Quito, actuando como “diputados del pueblo”, suscribieron el Acta, por la cual desconocieron a las autoridades, reconocieron a la Junta Suprema como gobierno interino “a nombre y como representante de nuestro soberano, el señor don Fernando Séptimo y mientras Su Majestad recupere la península o viniere a imperar en América”; le encargaron sostener “la pureza de la religión, los derechos del Rey, los de la Patria y hará guerra mortal a todos sus enemigos, principalmente franceses”; y dispusieron la formación de la falange militar propia. El Cabildo abierto del 16 de agosto, en el que estuvieron los representantes de los diversos barrios, ratificó solemnemente todo lo actuado.

La revolución ejecutada el 10 de agosto de 1809 no dejó dudas sobre el carácter autonomista y liberador del movimiento patriota, que no pudo ocultarse con la proclama de fidelidad al Rey. Sin embargo, en la misma época, tampoco quedaban dudas de que el movimiento de aquellos criollos patriotas se inspiraba en el pensamiento ilustrado inculcado por Eugenio Espejo (1747-1795) y que, sobre todo, al asumir como suyo el principio de soberanía popular y de representación del pueblo, ejecutaba un acto revolucionario que, en última instancia, movilizaba un proyecto autonomista.

Llamado a la unión

Así lo entendieron las autoridades de las otras regiones de la Audiencia de Quito y de los Virreinatos de Lima y de Bogotá. Por ello, aunque los patriotas quiteños llamaron a la unión de “los Cabildos de las provincias sujetas actualmente a esta gobernación” y especialmente a Guayaquil, Popayán, Pasto, Barbacoas y Panamá, la Junta de Quito resultó aislada e incluso provocó la reacción de las otras regiones, desde las que se prepararon milicias para someterla.

El Virrey de Lima, Fernando de Abascal y Souza, envió tropas al mando del Coronel Manuel Arredondo. Ante el peligro inminente, el 28 de octubre la Junta resignó el poder ante el “españófilo” Juan José Guerrero, Conde de Selva Florida, quien a los pocos días lo devolvió al Conde Ruiz de Castilla.

Persecución

Aunque el Presidente restaurado prometió olvidar los sucesos, cuando entraron a la ciudad las fuerzas realistas, se inició la persecución contra los revolucionarios quiteños, contando con la actuación del oidor Felipe Fuertes Amar y del fiscal Tomás Arechaga. Fueron apresados los principales implicados y encerrados en los calabozos del Cuartel Real (hoy parte del Centro Cultural Metropolitano).

Retrospectiva

El 2 de agosto de 1810 un fallido intento por liberar de la prisión a los próceres detenidos concluyó con una escandalosa matanza, pues los soldados fusilaron en el acto o atravesaron con bayonetas y cuchillos a Morales, Quiroga, Salinas, Larrea, Arenas, Riofrío, Ascásubi, Guerrero, Villalobos y tantos otros. La brutalidad de las tropas llegadas con el coronel Arredondo se extendió inmediatamente sobre los barrios de la ciudad, que apenas pudieron resistirlas. Murieron como trescientos pobladores quiteños. El obispo y los sacerdotes tuvieron que recorrer las calles para implorar que terminen los enfrentamientos. Dos días después, en la Asamblea de vecinos convocada por las autoridades fueron denunciadas las atrocidades y se acordó la salida de las tropas, la formación de una nueva Junta y el recibimiento del Comisionado Regio.

Carlos Montufar, hijo del Marqués de Selva Alegre, llegó en calidad de Comisionado nombrado directamente por el Consejo de Regencia de España, para apaciguar en algo el clima de represión con que fue sometida Quito. Organizó la segunda Junta Superior de Gobierno integrada por criollos patriotas. Fue convocado el Congreso de los Diputados de Quito. Y el 15 de febrero de 1812 fue dictada la primera Constitución.

Desconocen Junta

El virrey del Perú desconoció la Junta de Quito. Además, segregó Cuenca y Guayaquil y nombró a Joaquín Molina como Presidente. Carlos Montufar, definido por la revolución, armó la defensa del gobierno popular de Quito, alistando tropas, que fueron enviadas hasta el norte y el sur, logrando triunfos en Pasto y cerca de Cuenca. El general español Toribio Montes organizó las fuerzas realistas desde el litoral, con soldados del Perú, Panamá y Guayaquil. Paulatinamente fue venciendo en su ascenso por los Andes. Entró a Quito el 8 de noviembre de 1812 y organizó la persecución de los últimos resistentes. Montufar y los principales lograron escapar. Otros fueron procesados, condenados y hasta desterrados. Así terminó la Revolución de Quito.

Se propaga el grito de libertad

La Revolución de Quito formó parte de los primeros movimientos independentistas de Hispanoamérica, pues en 1809 también habían estallado revoluciones en Chuquisaca y La Paz, que continuaron en 1810 en México, Caracas, Bogotá, Santiago de Chile y Buenos Aires. En 1811 Venezuela fue pionera en proclamar la independencia y desde 1812 la lucha emancipadora se generalizó en las diversas regiones sometidas a España. Quito, sin embargo, quedó seriamente afectada y aislada, por haber muerto lo mejor de su elite intelectual y política, así como por haberse impuesto la represión y un férreo control sobre la ciudad.

Pero fue la Revolución de Quito la que dio origen a la conciencia de libertad e inició el largo proceso de la independencia del actual Ecuador. Cierto es que la primera Junta todavía proclamó fidelidad al monarca, pero ello se explica por las precarias condiciones de la lucha patriota, el temor a la represión y la evidente ausencia de respaldo de las otras regiones del país. Sobre esa posición, la Revolución de Quito movilizó conceptos absolutamente nuevos para la vida del país, como los de soberanía, representación popular, derechos naturales, constitucionalismo, republicanismo y sobre todo autonomía e independencia.

El papel de Quito en ese proceso fue reconocido en su propia época y en Chile se bautizó a la ciudad como “Luz de América”, precisamente porque se comprendió la trascendencia emancipadora de su revolución, que también fue exaltada por el Libertador Simón Bolívar.

Hecho protagónico

La Revolución de Quito (1808-1812) tuvo cuatro momentos decisivos: la formación de la Junta Soberana el 10 de agosto de 1809, la masacre de patriotas y pobladores quiteños el 2 de agosto de 1810, la reunión del primer Congreso de Diputados que decretó la independencia frente al Consejo de Regencia el 11 de diciembre de 1811 y la expedición de la primera Constitución el 15 de febrero de 1812, con la que nació el Estado de Quito, de inconfundible organización republicana, pues estableció Ejecutivo, Legislativo y sistema Judicial.

La noche del 9 de agosto

Durante la noche del 9 de agosto de 1809, un núcleo de intelectuales, doctores, marqueses y criollos complotados residentes en la ciudad de Quito, junto a representantes de los barrios, se reunieron en la casa de Manuela Cañizares.

Allí decidieron organizar una Junta Suprema de Gobierno, en la que actuaría como Presidente Juan Pío Montúfar, Marqués de Selva Alegre, como Vicepresidente el Obispo José Cuero y Caicedo y como Secretarios de Estado, en los Despachos del Interior, de Gracia y Justicia y de Hacienda, los notables Juan de Dios Morales, Manuel Quiroga y Juan Larrea, respectivamente.

El 9 de agosto de 1809

La pagina de la historia nacional descrita y registrada en OPINION, señala que un día como hoy, en la mañana del 10 de agosto de 1809, Antonio Ante se encargó de presentar, ante el Presidente de la Real Audiencia, Manuel Urriez, Conde Ruiz de Castilla, el oficio mediante al cual se le daba a conocer que había cesado en sus funciones y que el gobierno lo asumía la Junta Soberana de Quito.

Al mismo tiempo, Juan de Salinas se encargó de la guarnición, que, de inmediato, se pronunció a favor de la Junta.

Los criollos de Quito, actuando como “diputados del pueblo”, suscribieron el Acta, por la cual desconocieron a las autoridades, reconocieron a la Junta Suprema como gobierno interino “a nombre y como representante de nuestro soberano, el señor don Fernando Séptimo y mientras Su Majestad recupere la península o viniere a imperar en América”; le encargaron sostener “la pureza de la religión, los derechos del Rey, los de la Patria y hará guerra mortal a todos sus enemigos, principalmente franceses”; y dispusieron la formación de la falange militar propia. El Cabildo abierto del 16 de agosto, en el que estuvieron los representantes de los diversos barrios, ratificó solemnemente todo lo actuado.

La revolución ejecutada el 10 de agosto de 1809 no dejó dudas sobre el carácter autonomista y liberador del movimiento patriota, que no pudo ocultarse con la proclama de fidelidad al Rey. Sin embargo, en la misma época, tampoco quedaban dudas de que el movimiento de aquellos criollos patriotas se inspiraba en el pensamiento ilustrado inculcado por Eugenio Espejo (1747-1795) y que, sobre todo, al asumir como suyo el principio de soberanía popular y de representación del pueblo, ejecutaba un acto revolucionario que, en última instancia, movilizaba un proyecto autonomista.

Llamado a la unión

Así lo entendieron las autoridades de las otras regiones de la Audiencia de Quito y de los Virreinatos de Lima y de Bogotá. Por ello, aunque los patriotas quiteños llamaron a la unión de “los Cabildos de las provincias sujetas actualmente a esta gobernación” y especialmente a Guayaquil, Popayán, Pasto, Barbacoas y Panamá, la Junta de Quito resultó aislada e incluso provocó la reacción de las otras regiones, desde las que se prepararon milicias para someterla.

El Virrey de Lima, Fernando de Abascal y Souza, envió tropas al mando del Coronel Manuel Arredondo. Ante el peligro inminente, el 28 de octubre la Junta resignó el poder ante el “españófilo” Juan José Guerrero, Conde de Selva Florida, quien a los pocos días lo devolvió al Conde Ruiz de Castilla.

Persecución

Aunque el Presidente restaurado prometió olvidar los sucesos, cuando entraron a la ciudad las fuerzas realistas, se inició la persecución contra los revolucionarios quiteños, contando con la actuación del oidor Felipe Fuertes Amar y del fiscal Tomás Arechaga. Fueron apresados los principales implicados y encerrados en los calabozos del Cuartel Real (hoy parte del Centro Cultural Metropolitano).

Retrospectiva

El 2 de agosto de 1810 un fallido intento por liberar de la prisión a los próceres detenidos concluyó con una escandalosa matanza, pues los soldados fusilaron en el acto o atravesaron con bayonetas y cuchillos a Morales, Quiroga, Salinas, Larrea, Arenas, Riofrío, Ascásubi, Guerrero, Villalobos y tantos otros. La brutalidad de las tropas llegadas con el coronel Arredondo se extendió inmediatamente sobre los barrios de la ciudad, que apenas pudieron resistirlas. Murieron como trescientos pobladores quiteños. El obispo y los sacerdotes tuvieron que recorrer las calles para implorar que terminen los enfrentamientos. Dos días después, en la Asamblea de vecinos convocada por las autoridades fueron denunciadas las atrocidades y se acordó la salida de las tropas, la formación de una nueva Junta y el recibimiento del Comisionado Regio.

Carlos Montufar, hijo del Marqués de Selva Alegre, llegó en calidad de Comisionado nombrado directamente por el Consejo de Regencia de España, para apaciguar en algo el clima de represión con que fue sometida Quito. Organizó la segunda Junta Superior de Gobierno integrada por criollos patriotas. Fue convocado el Congreso de los Diputados de Quito. Y el 15 de febrero de 1812 fue dictada la primera Constitución.

Desconocen Junta

El virrey del Perú desconoció la Junta de Quito. Además, segregó Cuenca y Guayaquil y nombró a Joaquín Molina como Presidente. Carlos Montufar, definido por la revolución, armó la defensa del gobierno popular de Quito, alistando tropas, que fueron enviadas hasta el norte y el sur, logrando triunfos en Pasto y cerca de Cuenca. El general español Toribio Montes organizó las fuerzas realistas desde el litoral, con soldados del Perú, Panamá y Guayaquil. Paulatinamente fue venciendo en su ascenso por los Andes. Entró a Quito el 8 de noviembre de 1812 y organizó la persecución de los últimos resistentes. Montufar y los principales lograron escapar. Otros fueron procesados, condenados y hasta desterrados. Así terminó la Revolución de Quito.

Se propaga el grito de libertad

La Revolución de Quito formó parte de los primeros movimientos independentistas de Hispanoamérica, pues en 1809 también habían estallado revoluciones en Chuquisaca y La Paz, que continuaron en 1810 en México, Caracas, Bogotá, Santiago de Chile y Buenos Aires. En 1811 Venezuela fue pionera en proclamar la independencia y desde 1812 la lucha emancipadora se generalizó en las diversas regiones sometidas a España. Quito, sin embargo, quedó seriamente afectada y aislada, por haber muerto lo mejor de su elite intelectual y política, así como por haberse impuesto la represión y un férreo control sobre la ciudad.

Pero fue la Revolución de Quito la que dio origen a la conciencia de libertad e inició el largo proceso de la independencia del actual Ecuador. Cierto es que la primera Junta todavía proclamó fidelidad al monarca, pero ello se explica por las precarias condiciones de la lucha patriota, el temor a la represión y la evidente ausencia de respaldo de las otras regiones del país. Sobre esa posición, la Revolución de Quito movilizó conceptos absolutamente nuevos para la vida del país, como los de soberanía, representación popular, derechos naturales, constitucionalismo, republicanismo y sobre todo autonomía e independencia.

El papel de Quito en ese proceso fue reconocido en su propia época y en Chile se bautizó a la ciudad como “Luz de América”, precisamente porque se comprendió la trascendencia emancipadora de su revolución, que también fue exaltada por el Libertador Simón Bolívar.

Resumen

La noche del 9 de agosto de 1809, un grupo de personas integrantes de la sociedad criolla de Quito se reunió en la casa de Manuela Cañizares para definir una estrategia.

Cuentan que esa madrugada, ante la desmotivación de algunos de los presentes, Manuela les increpó con una dura frase: “¡Cobardes...hombres nacidos para la servidumbre ¿ De qué tenéis miedo...? ¡No hay tiempo que perder...!”.

Esa madrugada ya el 10 de agosto, se conformó la Junta Soberana de Gobierno, que tuvo como autoridades principales al Marqués de Selva Alegre, Juan Pío Montúfar, y al obispo José Cuero y Caicedo, como presidente y vicepresidente respectivamente. Los doctores Juan de Dios Morales, Manuel Rodríguez de Quiroga y Juan Larrea fueron nombrados como secretarios de Estado, despachos de lo Interior, de Gracia, Justicia y Hacienda.

Muy temprano, el doctor Antonio Ante, secretario general de la Junta de Gobierno, visitó a don Manuel Urriez, Conde Ruiz de Castilla y presidente de la Real Audiencia de Quito, para comunicarle que la Junta de Gobierno lo relevaba de sus funciones.

Entre tanto, el coronel Juan de Salinas, al mano de las fuerzas militares, declaraba la lealtad a la Junta de Gobierno y al rey Fernando VII.

Los sucesos del 10 de Agosto son considerados como el Primer Grito de la Independencia de Ecuador, fue la llamarada que motivó a otros patriotas a tomar la posta.

Punteo

Los diputados barriales que participaron en los sucesos del 10 de Agosto de 1809, suscribieron una acta en la que confirmaban la rebelión y organizaban de manera diferente la administración.

En este documento se insinúa también una invitación a otras ciudades para aliarse voluntariamente con el fin de conformar un Gobierno Supremo Interino que represente a Fernando VII, mientras se recupere su libertad.

La insurrección del 10 de Agosto de 1809 fue un movimiento revolucionario de esencia político jurídica emancipadora. Quito sembró la semilla y América siguió el ejemplo.

Era la voz de una colonia oscura que se eleva en medio de todo un continente que todavía estaba fuertemente encadenado a la corona de España. Loor a Quito “LUZ DE AMÉRICA”.

BREVE DESCRIPCIÓN HISTÓRICA

Este hecho histórico esta marcado por otros factores que además de los antes mencionados deben ser conocidos para una mejor comprensión de la significación del Primer Grito de la Independencia; tal es así que el 7 de marzo de 1.808, el Mariscal Francés Joaquín Murat llega a España todavía como un aliado pero debido a un intento por parte del rey español Carlos IV de huir hacia América este se ve obligado renunciar al trono a favor de su hijo Fernando VII que más tarde sería apresado por Napoleón quien a la postre se vería favorecido por la abdicación de Fernando VII al trono español pero, que provocaría la formación de las “Juntas Supremas Provinciales” que se encargarían de organizar la resistencia en contra del dominio francés.

En todo caso las noticias inquietaron a los criollos quiteños quienes comenzaron a analizar las repercusiones de estos acontecimientos y bajo estas circunstancias, el Marqués de Selva Alegre, Juan Pío Montúfar reúne en su hacienda “El Obraje” en el Valle de Los Chillos, el 25 de Diciembre de 1.808, al Dr. José Luis Riofrío, cura de la Parroquia de Píntag, al capitán Juan de Salinas, a los abogados Juan de Dios Morales y Manuel Rodríguez de Quiroga entre otros, en la llamada “Conspiración de Navidad”, en donde discuten sobre este tema y en la que llegan a la conclusión que la mejor forma de “evitar” una posible dominación francesa es precisamente imitando el mecanismo imperante en España: la constitución de una Junta Soberana.

A esta idea se fueron sumando varios adeptos entre los meses de enero y febrero de 1.809 pero son descubiertos por el gobierno y apresados a inicios del mes de marzo del mismo año. Al ser gente de clase adinerada los acusados consiguieron la mejor defensa e inclusive y para “suerte” de los conjurados varios desconocidos lograron robar la documentación referente al proceso legal en su contra motivo por el que los reos son puestos en libertad.

Una vez liberados los conspiradores vuelven a reorganizarse y la rebelión comienza la noche del 9 de Agosto en casa de la patriota Dña. Manuela Cañizares y termina la madrugada del 10 de Agosto de 1.809, una vez que queda conformada la Junta Soberana de Gobierno, teniendo como autoridades al Marqués de Selva Alegre, Juan Pío Montúfar, y al Obispo José Cuero y Caicedo, como presidente y vicepresidente respectivamente, además los Drs. Juan de Dios Morales, Manuel Rodríguez de Quiroga y Juan Larrea fueron nombrados como Secretarios de Estado, Despachos de lo Interior, de Gracia, Justicia y Hacienda.

Ese mismo día muy temprano por la mañana el Dr. Antonio Ante, Secretario General de la Junta de Gobierno, visita a Don Manuel Urriez, Conde Ruiz de Castilla, Presidente de la Real Audiencia de Quito, con el fin de comunicarle que la Junta de Gobierno lo relevaba de sus funciones; al mismo tiempo el Coronel Juan de Salinas, al mando de la fuerzas militares de Quito declaraba lealtad a la Junta de Gobierno y al “bien amado” Rey Fernando VII.

Alcanzado el objetivo primigenio, es decir, la conformación de la Junta de Gobierno, el 16 de Agosto de 1.809, las autoridades del nuevo régimen llevan a cabo un Cabildo Abierto en la sala Capitular del Convento de San Agustín, sesión en la que ratificaron todo lo actuado en la mañana del 10 de Agosto, días después la Junta de Gobierno enviaba comunicados al Virrey del Perú, José Abascal, al de Santa Fe, Antonio Amar y Borbón, al Gobernador de Guayaquil, Bartolomé Cucalón y al de Cuenca, Melchor de Aymerich la existencia del nuevo orden en la antigua Real Audiencia de Quito.

Las autoridades peninsulares informadas de este evento disponen la reducción de la “rebelión” en curso y despachan tropas desde Guayaquil, Popayán y Pasto con la misión de tomar Quito y acabar con los insurrectos, mientras tanto en Quito, la Junta de Gobierno, organizó dos divisiones compuestas por tres mil hombres bajo el mando de Juan Ascázubi y Manuel Zambrano y los envía con dirección al Norte con la finalidad de detener el avance de las fuerzas realistas al mando del Gobernador de Popayán, Miguel Tacón.

Las fuerzas quiteñas cruzaron el río Carchi e ingresaron en territorio pastuso, pero la inexperiencia, la ignorancia y la carencia de disciplina militar hicieron que Ascázubi fuera derrotado y apresado en el combate de Sapuyes, del cual no se tiene mayor información; y, que Zambrano en Cumbal corriera similar suerte con la única diferencia que este logró escapar junto a lo que quedaba de la milicia quiteña.

Al enterarse acerca de esta derrota el ambiente se tensó entre la población de Quito a la vez que los afanes, los intereses, la división y las ambiciones políticas debilitaron enormemente a la Junta que en lugar de preparar un plan contingente para repeler la amenaza que se cernía sobre ellos se enfrasco en discusiones estúpidas e inútiles, que terminaron con la dimisión del Presidente Juan Pío Montúfar a favor de Juan José Guerrero y Mateu, Conde de Selva Florida, quien se encargó de entablar acercamientos con el Conde Ruiz de Castilla ofreciendo a este una capitulación de la ciudad que fue aceptada el 24 de Octubre de 1.809 sometiendo así a Quito al control español una vez más a cambio de que no se procedería en contra de ninguno de los miembros de la Junta y prometiendo “solemnemente” olvidar el pasado.

La ciudad permaneció en relativa calma durante los días posteriores a la firma de la capitulación, incluso la Junta de Gobierno continuo en funciones, por lo que la población creyó que el “peligro” desaparecía y todo volvía la normalidad, lo cierto es que el conde Ruiz de Castilla no tomaba acción alguna debido a que esperaba la llegada de las tropas procedentes de Guayaquil y Cuenca.

Una vez que la soldadesca española arribó a Quito, en especial el Batallón Real de Lima, al mando del Coronel Manuel Arredondo y de las huestes vencedoras en Sapuyes y Cumbal además de los 3.500 efectivos realistas acantonados en Latacunga, el Conde Ruiz de Castilla procede a disolver a la Junta de Gobierno y a restablecer a la Real Audiencia de Quito y ordena la persecución, captura y encarcelamiento de los revoltosos, muy pocos patriotas lograron escapar, uno de ellos fue el Marqués de Selva Alegre pero no por esto dejo de ser perseguido.

Capturados y encarcelados los patriotas enfrentaban un proceso judicial largo que incluso amenazaba seriamente sus vidas porque el Fiscal Tomás Arrechaga pidió la pena de muerte para cuarenta y seis “rebeldes”, Ruiz de Castilla indeciso envía el proceso al Virrey de Santa Fe con el afán de que sea este último el que dicte sentencia.

El pueblo llano de Quito consciente de que la situación es grave para los patriotas emprende una acción de rescate que terminará en la masacre de los próceres el 2 de Agosto de 1.810.

CAUSAS CONTRARREVOLUCIONARIAS

Muchas fueron las causas que atentaron contra la acción libertaria del 10 de Agosto de 1.809 entre ellas la inconexión inicial con las fuerzas populares debido a la apatía general entre el pueblo llano que si bien es cierto no se opusieron a la Junta de Gobierno, tampoco es que la apoyaron decididamente tal y como lo demostró la cantidad de deserciones entre las filas libertarias en los combates de Sapuyes y Cumbal.

Otra causa fue la ausencia de un caudillo militar con la capacidad y el conocimiento requerido para emprender la defensa territorial además de que las continuas disputas internas entre los miembros de la junta complicaba aún más su capacidad de decisión.

Otro factor de gran incidencia fue el poco respaldo que el movimiento despertó entre los pobladores de otras ciudades como Guayaquil o Cuenca a quienes la “revolución” a su entender no los representaba porque “no habían sido consultados ni tampoco invitados” a participar de la acción dejando en claro que este movimiento únicamente promovía los intereses quiteños que unos casos eran contrarios a los intereses de las otras ciudades.

Así el Primer Grito de la Independencia nació como un movimiento desarticulado, aislado, extremadamente frágil y sin liderzazo político militar capacitado para la toma de decisiones drásticas y oportunas.

subir

ANÁLISIS DEL 10 DE AGOSTO DE 1.809

El 10 de agosto de 1.809 irremediablemente es un hecho histórico de gran trascendencia más allá de la fragilidad y la inoperancia reinante en aquel momento entre sus miembros, incluso va más allá de las perspectivas “románticas” que algunos autores le imprimieron al movimiento intentando dar un icono capaz de fomentar la unión de este país tan pequeño pero tan dividido, lo cierto es que la intención de los próceres criollos de aquel entonces pretendía la instauración de un proyecto político-económico tendiente a restablecer la importancia de la Real Audiencia de Quito y en el que el ejercicio del poder dentro de un territorio determinado fuese pleno sin la intervención de otros estamentos administrativos que de una forma u otra intervenían en sus competencias.

A modo de corolario de esta parte del texto la pretensión de aquellos patriotas fue la de tomar el poder en un momento de confusión en la metrópoli española, para de esta manera resolver sus necesidades y dejar en claro las verdaderas jurisdicciones sobre los territorios que pertenecían a la Real Audiencia que por intereses de otras administraciones como los Virreynatos de Lima y Perú no se hallaban bajo su dirección.

El problema fue, tal y como lo señala el Dr. Enrique Ayala Mora en su obra “Nueva Historia del Ecuador”: “lo que no alcanzaron a ver claramente los próceres quiteños es que las demás provincias de la Presidencia se opondrían a sus intentos, que por los mismo no tenían posibilidades de éxito, y que pese a todas su proclamas conservadoras, por otra parte tan sinceras, su actitud era “revolucionaria” y no podía ser aceptada por ningún virrey o representante local del poder español. Lo que querían los quiteños de 1.809, visto desde una perspectiva imperial, era tomar el poder en sus manos, ejercerlo irrestrictamente en un territorio muy amplio y utilizarlo para efectuar transformaciones de importancia en el orden económico y político. Eso, si es que en sí mismo no era ya la independencia de todo poder imperial, llevaba irremisiblemente hacia ella y debía ser arrancado de cuajo. En otras palabras, los insurgentes del 10 de Agosto, aunque no lo hayan pretendido directamente, habían encendido una llama que no se apagaría sino con la independencia de su patria y de toda Hispanoamérica”.

🔊 Escuchar Noticia
🔊 Detener


SEÑORITA OPINION ONLINE
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD

Reciba los titulares de Diario Opinión en su e-mail.!

@