Una experiencia con los chamanes extraída del tiempo



Fecha de Publicación: 2017-08-05

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Un testimonio de un día cualquiera de un año en el tiempo, al terminar el ritual de las limpias, el día junto a la familia Tanguila parecía haberse acabado.

Muy agradecidos empezamos a despedirnos, cada uno de nosotros gritaba en nuestro interior por ver aunque sea de lejos algo de la ciudad. Nos preparamos para salir y con agradecimientos en quichua aprendidos en ese mismo instante abandonamos la casa de esta gran familia indígena.

Apresurados y casi a empujones salimos sin darnos cuenta que aún faltaba una hora aproximadamente para que aquella incómoda camioneta que tanto anhelábamos llegara a recogernos.

El guía, un joven de origen quichua, seguía a nuestro lado y nos llevó a las orillas del río en donde podríamos descansar y comer algo.

Totalmente exhaustos llegamos a una gran explanada en donde la hora que debíamos esperar se nos hizo eterna.

Entre chistes, sánduches de atún y Coca Cola caliente esperábamos impacientes por volver a la ciudad, por ver las luces de la noche y por evitar cualquier contacto con la naturaleza.

Exactamente una hora después llegó la camioneta doble cabina en la que tal vez conscientemente casi todos tomamos los mismos puestos, regresábamos por el mismo camino irregular y el conductor con más prisa nos llevaba saltando de un lado al otro en el balde. De repente la camioneta paró bruscamente en medio de la carretera. Todos confusos recibimos la noticia de que bajaríamos un momento para ver uno de los árboles más grandes del Ecuador.

Casi sin entusiasmo bajamos de la camioneta y seguimos un estrecho camino hasta llegar a un gran árbol imponente en la selva. Rodeado de insectos y más plantas, el árbol resultó ser un Ceibo de quinientos años que según el guía era muy joven aún.

Impresionados pero sin dejar nuestra impaciencia de lado decidimos volver rápidamente a la camioneta pues nuestra capacidad de tolerar la naturaleza estaba llegando a su límite. Regresamos y muy cansados soportamos una hora más de viaje hasta el Tena.

Callados y somnolientos casi nadie cruzó palabra durante el camino. La experiencia vivida en este viaje será incomparable pues tuvimos la oportunidad de conocer una vida totalmente diferente a la nuestra y compartir con personas ajenas que nos recibieron amablemente en su hogar. Sin duda estas son lecciones invalorables de tolerancia, respeto y amistad.

Los Quichuas,

pueblo ancestral

Uno de los pueblos indígenas más importantes en territorio ecuatoriano son los Quichuas, los cuales se dividen en dos grupos de acuerdo a su ubicación. los Canelos – Quichuas se encuentran en la provincia de Pastaza y los Napo – Quichuas o Quijos se ubican en zonas urbanas y rurales de las provincias de Napo, Orellana y Sucumbíos.

La población de estas comunidades está estimada en aproximadamente 60 000 personas siendo así la más numerosa de la Amazonía ecuatoriana. Su origen viene de la mezcla de pueblos nativos amazónicos como de pueblos indígenas de la Sierra.

Aún existe un gran porcentaje de indígenas que siguen con su vida tradicional, viven en sectores internos de la selva en donde trabajan en sus sembríos, pescan y recolectan frutos. Estas familias por lo general salen pocas veces al Tena para comercializar algunos productos pero lo hacen por cortos períodos.

Los Quichuas son un pueblo muy tradicional, ellos aún tienen costumbres como el matrimonio arreglado y la creencia en sus dioses, pues las cavernas, el diablo, los duendes, el sol y las montañas son venerados por ellos. La anaconda es el máximo dios considerado el jefe de todos y el ceibo es el dueño de todo lo que les rodea.

Algo muy importante para esta comunidad es la práctica del chamanismo.

Los chamanes son los médicos de estos pueblos y cuando alguien se encuentra enfermo sea física o espiritualmente no dudan en acudir al chamán de su comunidad.

En cuanto a la comida, la alimentación principal de los Quichuas se basa en la chicha, la carachama, la yuca y el maduro, estos escasos ingredientes son suficientes para su supervivencia.

Como casi todas las comunidades indígenas de nuestro país las zonas urbanas han contaminado la cultura de los Quichuas reduciendo así sus costumbres y tradiciones, pero estos pueblos ancestrales no olvidan sus orígenes y guardan con ellos sus bases culturales. Amazonía, Ecuador, Oriente, Quichuas, Shamanismo, Tena, Tradición

La ayahuasca, las puntas y el cigarrillo

Una de las experiencias más gratificantes de este extraño viaje fue el poder estar presentes en no una sino cuatro limpias. Después de compartir algunos alimentos poco suculentos aunque brindados con la mejor intención y solidaridad fue la hora de ver el ritual de la limpia.

El chamán, José Tanguila, desapareció unos momentos para prepararse, tomó todos los instrumentos que necesitaba para realizar el ritual y volvió con nosotros. Al entrar en la habitación ya no vestía la ropa de estilo occidental y despreocupada con la que nos recibió sino que tenía un traje típico de los chamanes lleno de pepitas de colores, semillas de diferentes plantas con las que construyen estos sonoros trajes que representan los sonidos del bosque, también llevaba una corona hecha de plumas de guacamayo muy vistosas.

Entre los instrumentos que utilizó para tan importante ritual estuvieron una pequeña copa de Ayahuasca, un ramo de Suripanga, cepillo del viento con el que barre la obscuridad y un gran cigarro utilizado para alimentar a los espíritus e ingresar en un trance más profundo aún.

La primera persona a realizarse la limpia estaba lista sentada en una banca a los pies del shamán, él empezó un canto que entre palabras quichuas y silbidos dieron un ambiente extraño al lugar. Todo se obscureció y varias bocanadas de humo salían del shamán y entre cantos y bruscos movimientos del ramo de Suripanga empezó la sesión.

Con los ojos cerrados, nuestra compañera a quien le hacían la limpia se le notaba el temor por su lenguaje corporal pues se encontraba muy acongojada. El ritual era realizado cerca de una ventana para donde el shamán dirigía el ramo aventando las malas energías para afuera.

A continuación se realizaron las otras limpias de igual manera que la primera pues para todos el proceso es el mismo.

El chamán aclaró que por ser temprano aún, aproximadamente la una de la tarde, era difícil visualizar todo lo que normalmente brinda la Ayahuasca, pero de todas maneras las limpias son muy beneficiosas pues gracias a estas el cuerpo y el alma quedan en un estado de relajamiento y tranquilidad durante un buen tiempo.

Al finalizar las limpias el shamán con el ramo de Suripanga muy desgastado decidió descansar un poco y empezó a contarnos lo que se debe hacer para convertirse en el shamán de una comunidad. Este es un trabajo de muchos sacrificios pero a la vez con varias gratificaciones pues la sabiduría que adquieren y la oportunidad de pasar a sus descendientes los poderes curativos de estos rituales son motivos suficientes para dedicar toda su vida a esta actividad.

Ayahuasca: bejuco del alma

En la Amazonía ecuatoriana los pueblos indígenas utilizan la Ayahuasca desde hace cientos de años.

Con ella realizan rituales ancestrales que se han ido transmitiendo de generación en generación. Esta bebida es muy importante para su cultura pues es la base de la sabiduría de estos pueblos.

En la región del Tena a una hora y media de la ciudad está el pueblo del Pununo en dónde nos encontraríamos con una familia Quichua. El padre es el shamán de la comunidad, muy respetado por su gran sabiduría y manejo de la Ayahuasca.

José Polibio Tanguila junto con su esposa Teresa nos recibieron en su hogar para enseñarnos la preparación de la Ayahuasca. Ellos, dos ancianos de su comunidad, solamente hablaban quichua pero gracias a nuestro guía y traductor pudimos entender todo lo que decían.

Luego de un viaje en camioneta desde el Tena llegamos a un lugar en medio de la selva desde donde tendríamos que caminar unos cuantos metros para ingresar a la casa de la familia Quichua, arribamos al lugar temprano en la mañana y los Tanguila nos recibieron amablemente en su hogar.

En seguida empezaron con la demostración pues nos llevaron a los sembríos tras su casa en donde encontramos la liana de Banisteriopsis Caapi con la que se realiza la Ayahuasca. José, el shamán de ese sector, era quien nos explicaba que la liana debe ser cortada cuidadosamente pues quien no sabe cómo hacerlo podría matar a la planta. Mencionó la importancia de cuidar sus raíces ya que si cortamos parte de ellas la planta no sobreviviría. Cortó un pedazo del bejuco y nos invitó a pasar a la cocina de su casa en donde prepararía el brebaje.

En la humilde cocina encontramos un gran fogón central y un estante lleno de trastes viejos, el piso de tierra y las paredes de caña ambientaban el lugar en donde se cocinarían las plantas para preparar la Ayahuasca. Teresa puso una gran olla con mucha agua en el fogón, esta debía hervir para agregar los ingredientes de la bebida.

José cortó en pequeñas partes el pedazo que había sacado de la gran liana y junto a su esposa nos repartieron unos cuantos cuchillos muy afilados ya que nosotros también seríamos parte del proceso.

Poco a poco nos enseñaba como preparar la planta pues ya hecha pedazos debíamos raspar la corteza de la misma. La liana es como un pedazo de tronco con una corteza muy fina la cual al ser pelada quedaba de un color blanco que con el pasar de los minutos se iba obscureciendo.

Al tener listos los pedazos José los puso en el agua hirviendo y agregó también unas hojas de Guayusa, esta planta es un ingrediente fundamental de la Ayahuasca pues esta también brinda a quien la toma, diferentes sensaciones y visiones.

La preparación de esta bebida demora, pues se llena una olla grande de agua y ésta junto a las plantas debe hervir hasta que quede simplemente la cantidad de líquido para cuatro vasos.

Esperamos mientras se preparaba la bebida compartiendo con la familia Tanguila, quienes nos explicaban que de la Ayahuasca debe tomarse nada más que un sorbo, la medida de una uña.

Y al tomarla con fe se puede ver el futuro. La primera visión que una persona tiene al tomarla es una gran anaconda que se enreda en el cuerpo, pues ella es la dueña de la Ayahuasca. Esta sustancia lava física y espiritualmente a quien la toma y debe ser ingerida solamente con la presencia de un chamán.

Mientras la Ayahuasca estaba siendo cocinada los Tanguila nos contaban la importancia de este brebaje para su comunidad ya que gracias a ella los shamanes son capaces de ver el futuro, y curar enfermedades.

La conversación es complicada y lenta, en algunos momentos el guía tiene problemas para traducir todo lo que Polibio dice. Pero pese a no entender una sola palabra de quichua, todos sabemos que el chamán tiene mucho que contar y que no le apena compartirlo con nosotros.

Daniel, intérprete

"El poder lo recibí de mi abuelo" afirma el viejo Chamán, de ya 76 años de edad. El guía se encarga de explicarnos un poco del mundo y las tradiciones chamánicas.

Los Chamanes se forman en la familia, en la tradición que viene de padres a hijos, durante varias generaciones. La formación empieza desde muy temprana edad que puede ser desde los 8 a 10 años. Van recibiendo fuerzas, poderes, energías e informaciones.

Para pasar poderes a sus progenitores el brujo toma ayahuasca, también se toma un pilche o cuya, llena de tabaco.

Polibio buscando la ayahuasca

Es así como se está preparando y fortaleciendo espiritualmente, tosen y soplan en lo alto de la cabeza una y varias veces, de esta forma le transmiten el poder. Después del ritual el niño o aprendiz no puede jugar, cabecear, trabajar ni bañarse, debe comer solo cosas indicadas por el yachac durante tres días.

Una parte esencial de este arte es la vestimenta que utilizan. Todas las cuentas plumas y collares tienen la virtud de proteger al Shamán y evitar que las malas energías y espíritus se trasladen al cuerpo del curador.

Cuentas protectoras (escudo del chamán)

Finalmente, pudimos observar que la vida del chamán es sacrificada: "cuando llamaban yo tenía que caminar a donde sea que estuviese el enfermo". Una vida de caminante, y recién, a sus 76 años Polibio está pensando en retirarse y pasar su tradición.

La bebida mágica de los dioses

A lo largo y ancho de la Amazonía ecuatoriana podemos encontrar un singular bejuco que enredado en otros árboles sobrevive para convertirse en uno de los más importantes elementos de los pueblos indígenas de esta región.

La Banisteriopsis Caapi es originaria de América Latina principalmente de Ecuador, Perú, Colombia y Venezuela. Con el tronco de este bejuco y las hojas de plantas originarias de cada zona se prepara la Ayahuasca, importante bebida ceremonial de los pueblos ancestrales de cada país.

En el Ecuador, existen algunos pueblos que realizan sus prácticas ceremoniales con la Ayahuasca, uno de estos es el pueblo Quichua ubicado en varias zonas de la provincia de Napo. Los rituales en los que se utilizan esta bebida son religiosos y/o médicos, y solamente los chamanes son quienes tienen el poder para beberla; pues si alguien más quisiera tomar las Ayahuasca deberá hacerlo en compañía de un chamán y con un estricto control del mismo.

La Ayaguasca es una bebida alucinógena legalmente permitida en nuestro país pues se ha declarado que su consumo no produce ningún daño a quien la ingiere y que además provoca una mejora en la calidad de vida.

Este alucinógeno es fundamental en la vida de las comunidades Quichuas pues gracias a ella pueden ver el futuro, curar y diagnosticar enfermedades y resguardar a su pueblo del peligro. Además quien la toma se sumerge en un proceso de curación profunda y es limpiado tanto física como espiritualmente. Esta sustancia ancestral forma parte de los pueblos indígenas desde hace mucho tiempo.



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