Ayer se recordó la masacre de los próceres



Fecha de Publicación: 2017-08-03

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La matanza del 2 de agosto de 1810 fue un acontecimiento importante en la historia republicana del Ecuador. Tres frentes de patriotas armados trazaron un plan de ataque contra las tropas españolas, que custodiaban las instalaciones donde se encontraban presos los próceres de la primera Junta de Gobierno Autónoma de Quito, encarcelados por el intento de obtener la independencia el 10 de Agosto de 1809, fecha conocida en nuestro país como el ‘Primer Grito de Independencia’.

La sangre derramada por los patriotas sublevados marcaría los cimientos del espíritu libertario, que posteriormente sería reflejado en las batallas independentistas.

Detalles

La tensión entre los quiteños y españoles iba en aumento a causa del hostil comportamiento que las tropas españolas adoptaban. Sin embargo, el detonante para la insurrección, sería la causa de los rumores de asesinato a los presos que empezaron a correr; amenaza dicha por parte de un capitán de apellido Barrantes, ante las turbas que planeaban un intento de asalto a la cárcel.

Es así, como un grupo de vecinos empezaron a trazar un plan para liberar a los presos: se atacaría el cuartel Real de Lima y el de Santa Fe, que actualmente forman el Centro Cultural Metropolitano de Quito, y una casa cercana denominada El Presidio, donde estaban presos los hombres. Se estima que aproximadamente tres mil soldados tenía el Ejército colonial, al que se enfrentaría el grupo de patriotas.

Llegó entonces el jueves 2 de Agosto. Aquel día, poco antes de las dos de la tarde, las campanas de la Catedral tocaron a rebato; era la señal convenida para que los dos dos grupos de hombres armados con cuchillos, sometieran a la guardia del Cuartel Real y de El Presidio, e ingresaran en el establecimiento para liberar a los patriotas prisioneros.

En el primer y segundo ataque, logran liberar a los prisioneros, los soldados de la guardia no ofrecieron resistencia. Sin embargo, mientras esto ocurría, el tercer grupo que debía atacar el Cuartel de Santa Fe, no lo hizo, lo que dio tiempo a los militares de reaccionar. La masacre es ordenada por el gobernador español, Conde Ruiz de Castilla, como represalia por la Revolución del 10 de Agosto de 1809 y la insurreción de aquel día.

La lucha empieza en los calabozos donde estaban los revolucionarios, toman represalias contra ellos. Es entonces cuando los soldados matan a los principales líderes de la revueltra, Francisco Javier Ascázubi, Nicolás Aguilera, Juan Pablo Arenas, el teniente coronel Juan Salinas, Morales, Quiroga, el teniente coronel Antonio Peña, el capitán José Vinueza, el joven teniente Juan Larrea, entre otros.

Más adelante, en cuestión de minutos, los soldados que custodiaban la prisión, sembraron el horror en los aledaños de las prisiones, mientras otras tropas se extendieron a la ciudad de Quito, tomando represalias contra toda la gente que se encontraba afuera del cuartel y las calles cercanas. Las tropas de España sumaron a la matanza el robo y el saqueo de las casas más acaudaladas.

Al caer la tarde, las víctimas mortales sobrepasaban las 300 entre los dos bandos, aproximandamente el el 1% de la población de la época. El saqueo se estimó en por lo menos medio millón de pesos.

El asesinato tuvo amplia repercusión en toda América Hispana, como acto de barbarie española, y justificación de la guerra a muerte como rechazo al sistema implantado, buscando un método propio de autogestión y gobierno, decretada por el Libertador Simón Bolívar.

Recreación

En el Museo de Cera, Alberto Mena Caamaño, se representa el asesinato a los patriotas quiteños el 02 de Agosto de 1810. Se puede observar el particular horror de la muerte de los principales revolucionarios, la escena muerte del prócer Manuel Quiroga, asesinado frente a sus hijas. La forma en la que el joven patriota Mariano Castillo se salvó de la masacre, haciéndose pasar por muerto.

Resumen:

La junta soberana de Quito conformada del 10 de agosto de 1809 apenas gobernó unos meses, hasta que se tuvo que deponer por circunstancias políticas. El conde Ruiz de Castilla re-asumió el mando el 29 de octubre del mismo año. Días después se firmaron capitulaciones en las que se estableció que no habría persecución a los miembros de la junta. Este compromiso no se cumplió, los cabecillas de los insurrectos fueron encarcelados por las fuerzas leales al rey que llegaron desde Lima, en los calabozos del edificio junto al actual Palacio de Carondelet (Centro de Quito).

Frente a esto, y cansados de los atropellos de los soldados realistas, recién llegados, el pueblo de Quito decidió apoyar a los patriotas implicados en la junta soberana, y se organizó para liberarlos de los calabozos del cuartel de la real audiencia de Quito.

El 2 de agosto de 1810 a las 13:30, con el repique de las campanas se inició la arremitida, aprovechando el almuerzo de los soldados. Tras la señal, los quiteños irrumpieron en el cuartel y lograron liberar a varios patriotas. Los soldados realistas reaccionaron, y el ejército granadino de un cañonazo tumbó la pared que dividía los patios para apoyar al ejército limeño.

Entonces, sobrevino la matanza tristemente recordada del 2 de agosto de 1810, uno a uno y a sangre fría, los próceres fueron asesinados en sus celdas. El coronel Juan Salinas, el doctor Manuel Rodríguez de Quiroga, el presbítero José Luis Río Frío, Mariano Villalobos, el doctor Juan Pablo Arenas auditor de guerra, don Antonio Olea escribano, el doctor Juan de Dios Morales y el capitán José Vinueza, entre otros, fueron masacrados.

Mientras se terminaba con la vida de casi todos los líderes de la insurrección de 1809, algunos lograron perforar una pared de las mazmorras, para alcanzar un colector de agua de la quebrada Sanguña, consiguiendo escapar y salvar sus vidas.

La violencia se generalizó en la ciudad, y los cadáveres de soldados y civiles quedaron en las calles, plazas y quebradas. En resumen sumaron alrededor de trescientas víctimas entre los dos bandos.

Este hecho conmovió a Simón Bolívar quien declaró guerra a muerte a España como respuesta a los crímenes del gobierno.



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