Las tradiciones indígenas se han mezclado con las mestizas


Fecha de Publicación: 2017-07-02

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Las costumbres, fiestas y vestimentas indígenas en Ecuador no son totalmente puras, tuvieron una gran ingerencia casi obligada de los españoles y muchas de estas se adaptaron, modificaron y se tornaron representaciones del catolicismo.

El padre salesiano Juan Bottasso, fundador del Centro Cultural Abya Yala, interesado en las culturas indígenas, comenta, por ejemplo, que la Fiesta de San Pedro y San Pablo, en la Sierra norte, que termina con la toma de la plaza, es una representación y adaptación de la fiesta española de los Moros y Cristianos.

Recuerda que durante la conquista los españoles sustituyeron las celebraciones indígenas, que se relacionaban con el ciclo reproductivo de la tierra, con fiestas en honor a los santos católicos. “Pero aunque aparentemente tengan aspectos de la liturgia católica, en el fondo siguen siendo conmemoraciones ancestrales muy ligadas al ciclo agrícola”, dice.

Unificación

Todas esas tradiciones han sido sometidas a una transformación y es por esto que no hay que tener la obsesión de encontrar lo auténtico, lo puro, “porque toda la historia de la humanidad es una mezcla de sincretismo, de aculturaciones, de encuentros de elementos”, expresa el investigador religioso.

Al hablar de la vestimenta y la lengua, Bottasso señala que en la Sierra ecuatoriana existen numerosos pueblos indígenas y no solo uno como aparenta ser por tener al kichwa como idioma unificado, cuando en sus orígenes cada uno tenía su lengua. Sin embargo, la unificación se dio, no por los Incas, sino por los “doctrineros, los misioneros para facilitarles la evangelización”, cuenta.

En cuanto a la vestimenta, indica que el poncho y el sombrero son adaptaciones españolas a las costumbres indígenas y cuyo objetivo, sobre todo en las haciendas, era distinguirlos, a manera de vigilancia, para no permitirles una libre movilización.

En el caso de la Amazonía, señala que las costumbres se mantuvieron hasta muy entrado el siglo XX, pero que ahora, al igual que los otros pueblos, los atuendos ya no son de uso corriente. Sin embargo, hay quienes los visten, para manifestar su pertenencia o identidad en ciertos casos, como los representantes en la Asamblea, que usan la atahuashpa (corona de plumas).

Mestizaje

El padre Juan Bottasso manifiesta que en el último censo de población, el 7% de los ecuatorianos se autodefinió como indígena, “lo que quiere decir que una mayoría ya son exindígenas y que su horizonte no es la cultura ancestral, sino el mundo mestizo”.

Esto se debe a que “la mecanización de la agricultura, lo que hacían unos 200 hombres con el azadón, hoy lo hace un tractor, los expulsó a las ciudades donde sustituyeron el poncho por la chompa, el sombrero por la gorra, las alpargatas por los zapatos, el kichwa por el castellano y las comidas de granos (maíz, habas…) por el pan y la gaseosa… Ahora son choferes, artesanos, empleados públicos, taxistas y comerciantes”, añade.

Agrega que incluso hay jóvenes que se han independizado económicamente y ya no hablan o no quieren conversar a través del kichwa, porque están interesados en la modernización, más que en la conservación de su cultura. “Es por eso que es tan pequeño el número que se identifica como indígena porque su horizonte es otro”, lamenta el religioso. ©.

Se mantiene

° Aún se mantiene la capacidad de grupos indígenas de mantener su identidad y su orgullo.

° Un ejemplo es el pueblo Vasco en España, que tiene una fuerte conciencia de identidad, hablan vasco y lo enseñan a sus hijos.

° A pesar de esto, los vascos no están en contra de la modernización, así, es la zona más industrializada, tecnificada y avanzada.

° Entonces, es posible el desarrollo y conservar la identidad con ciertas tradiciones.

Folclor

El padre Juan Bottasso expresa su preocupación porque muchas costumbres y fiestas indígenas son usadas para entretener al extraño, al curioso, al turista. “Es una folclorización que le quita un poco el alma de la celebración y vende solo el aspecto exterior”, afirma.

Pero también se muestra partidario de dejar de ser paternalistas y dejar que los mismos indígenas, que son ciudadanos inteligentes, capaces y maduros tomen sus propias decisiones.

“Nosotros lo que podemos hacer es, en base a la experiencia, señalarles los riesgos de una acelerada desidentificación, que puede volverles unos genéricos que no pertenecen a nada… Si es que quieren se les puede decir los riesgos y peligros”.

Los indígenas en Cotacachi

celebran al Sol y a la Tierra

En Cotacachi, una pintoresca ciudad de la Sierra ecuatoriana, los indígenas celebran el tiempo de las cosechas y dan gracias al Sol y a la Tierra con vigorosos bailes y peleas que pretenden ocupar la plaza mayor, que guarda sus recuerdos ancestrales.

La fiesta se enmarca en la celebración de la Fiesta del Sol o Inti Raymi, en quichua, y es un agradecimiento a la "Pacha Mama" o Madre Tierra por las cosechas, especialmente del maíz, según comentó Edison Navarro, del departamento de Comunicación del Municipio de Cotacachi.

La toma de la plaza, sin embargo, tiene que ver con la historia, pues se recuerda que durante la conquista los indígenas fueron desplazados de la localidad por españoles y criollos hacendados, hacia las partes altas y la periferia.

Navarro señaló que la iglesia de Cotacachi está construida sobre un tola o montículo que es sagrado para los indígenas, pues allí celebraban sus fiestas y rituales antes de la conquista.

Por eso, el objetivo es "volver una vez al año" y ocupar el centro de la ciudad "para decir: No nos han vencido, seguimos aquí", añadió Navarro al recordar que "siempre ha sido una fiesta guerrera, porque es enfrentar al poder", representado en el Municipio y la Iglesia que se erigen a los costados de la plaza.

Los registros históricos señalan que la primera toma de la plaza data de 1755, cuando un grupo de mujeres indígenas ocupó el centro de la ciudad, incendió la Iglesia y enterró vivo al sacerdote que custodiaba ese recinto.

"Por eso esta fiesta siempre tuvo una connotación de fuerza" que se demuestra en el baile, con un zapateo fuerte y gritos que los indígenas dirigen a la tierra, "para que la Pacha Mama escuche", agregó.

En medio de la celebración se suelen producir enfrentamientos entre las comunidades de las zonas altas y las de la periferia, por establecer la hegemonía en la ocupación de la plaza.

Las disputas, en algunas ocasiones, suelen concluir con heridos y hasta muertos, aunque las autoridades municipales y de la Organizaciones Campesinas de Cotacachi han hecho esfuerzos para reducir los niveles de violencia.

"La pelea no es el fin en sí mismo, pero al ser una fiesta de mucha fuerza, de mucha energía, es inevitable que a veces se produzcan peleas" entre los bandos, agregó Navarro.

En el baile los indígenas forman filas y grupos numerosos que rondan la plaza con un zapateo armónico y fuerte y, a momentos, "silban y levantan sus aciales (látigos) cuando pasan por el Municipio y la Iglesia", como desafío al poder, añadió.

Se escuchan -dijo- frases como "ula, ula, je,je", por medio de las cuales los danzantes convocan a los espíritus, mientras gritan en quichua "yo soy de Cotacachi, esta es mi tierra, de aquí me sacaron".

Esta es una de las pocas fiestas indígenas que "conserva elementos ancestrales fuertes" y por eso las autoridades civiles e indígenas de Cotacachi pretenden que "no se pierda" o se transforme en un elemento de folclor, agregó Navarro.

La fiesta, recordó, comensó el 22 de junio, un día después del solsticio, con un baño de purificación en una vertiente, una cascada o en la cercana laguna de Cuicocha.

"Cada comunidad tuvo su propia vertiente sagrada" y el baño se lo hace con plantas andinas entre las que se incluye la ortiga, pero también los indígenas realizan plegarias a un "toro", un montículo de piedra que representa a algún espíritu, relató.

En el sincretismo católico la fiesta corresponde a San Juan, San Pedro, San Pablo y Santa Lucía, por eso concluye el 1 de julio con un baile protagonizado por las mujeres de las comunidades.

"Esta fiesta -agregó- ha llamado la atención de turistas" que visitan esta rica meseta de la sierra andina, aunque no participan en los bailes por el riesgo que ello supone, al ser una celebración de "tanta fuerza y tanta energía".



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