Ecuador: El Arte de Tejer


Fecha de Publicación: 2017-04-04

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No encontrará muchas pruebas de que todavía se continúe la actividad del tejido en las ciudades del interior, pero permítase visitar el país y, en especial, los terrenos montañosos, y encontrará que todavía se tejen bellos productos textiles. La ciudad de Otavalo es uno de los centros comerciales más famosos del Ecuador, y es reconocida por su tejido y su famoso mercado de artesanías.

La historia del tejido se remonta a los tiempos de la conquista española, momento en el que el principal producto de exportación del Ecuador parecía ser el trabajo humano. Los españoles explotaron este recurso humano de fácil obtención y rápidamente establecieron un taller textil en Otavalo y en las ciudades próximas, tales como Cotacachi y Peguche.

El trabajo de los aborígenes y la tecnología occidental resultaron ser una combinación muy beneficiosa, dado que rápidamente se introdujo el telar a pedal y el torno de hilar.

Con el tiempo, se implementó el sistema “huasipungo”, el cual les permitió a los habitantes locales vivir y continuar trabajando en las grandes granjas que ellos cuidaban. Muchas de estas fincas siguieron funcionando como talleres de tejido y producían una gran cantidad de telas para comercializar.

Adelántese en la historia cerca de 100 años y verá que una floreciente industria textil estaba firmemente instalada. Las técnicas y los estilos de tejido, introducidos por los escoceses a principios del siglo XX, se propagaron de población en población.

Finalmente, a fines de los años sesenta, se confirió a las comunidades indígenas locales derechos de propiedad sobre esa tierra que cuidaron durante tanto tiempo, y, junto con la tierra, llegó la libertad de seguir tejiendo en calidad de “contratistas independientes”, por así decirlo, lo cual aseguró la subsistencia a largo plazo de muchas personas.

En la actualidad, la que alguna vez fuera una floreciente industria del tejido funciona, principalmente, para el beneficio de los turistas y para la exportación a todo el mundo. Una generación después, los habitantes de Otavalo aún son famosos, no sólo por sus tejidos, sino también por su éxito como comerciantes, ya que viajan con frecuencia a América del Norte, Venezuela y Colombia para encontrarles nuevos mercados a sus creaciones textiles.

Sin embargo, para quienes valoran la técnica, los tejidos son una fuente de preocupación continua. En muchas poblaciones pequeñas, los jóvenes ya no sienten ese interés, sino que lo reemplazan por la magnética atracción de las grandes ciudades. Al igual que muchas artesanías, el futuro del arte depende del interés que depositen las nuevas generaciones.

Se usan técnicas ancestrales

Los indígenas otavaleños, considerados grandes artesanos, heredaron sus habilidades de sus antepasados. Ellos hallaron los patrones y modelos de sus tejidos, en las tumbas de sus ancestros, quienes elaboraban sus prendas en telares de madera y con lana de borrego.

René Zambrano, presidente del proyecto museo Otavalango, donde existe una colección de trajes indígenas, cuenta que todas las prendas que utilizaban los taitas (padres) y las mamas (madres), en tiempos pasados, eran elaborados con sus manos. “Todas las prendas como los ponchos, los pantalones, los anacos y hasta los sombreros eran elaborados con la lana de borrego en cashua (telar antes de la conquista)”, expresó.

“Estos telares eran considerados de gran calidad por los españoles, los esclavizaron para que hicieran tejidos que compitieran con los que habían en Francia y los hallados en jeroglíficos de Egipto. Desconocemos cómo nuestros antepasados tenían estas habilidades y lo que tratamos en la actualidad de mantener es su gran calidad”, agregó Zambrano.

Antiguamente, los tejedores tenían sus telares en el piso y se sentaban sobre una estera hecha de totora.

Luis Zambrano, uno de los tejedores tradicionales, dijo que la elaboración de un poncho en estos telares, es más laboriosa y de mejor calidad. “Por eso tardo aproximadamente un mes en hacer un poncho”. La lana de borrego que utilizan sigue siendo hilada a mano y es tinturada con tintes naturales.

En la actualidad los telares también son de madera, pero fueron modernizados y los tejedores ya utilizan sillas. Ahora elaboran cuatro ponchos en una semana.

Rosa Guandinango, es una tejedora que distribuye sus tejidos en el exterior con la ayuda de sus familiares y explica que no solamente hacen ponchos, sino también hamacas, colchas y alfombras decorativas.

Estos artículos también se hallan en la Plaza de Ponchos, construida en el centro de Otavalo en 1972, Imbabura. Hasta aquí llegan a diario turistas nacionales y extranjeros, quienes pueden adquirir ponchos de $12 hasta $ 50, hamacas de $ 20 a $ 35, colchas de $ 25 a $ 45, entre otras artesanías.

Plaza de los Ponchos, Otavalo

A solo 96 km al norte de la ciudad de Quito, rodeado de montes, lagos, cultivos de maíz, un entorno mágico lleno de colorido y belleza, emerge el principal atractivo turístico de Otavalo, el mundialmente famoso mercado indígena o “Plaza de los Ponchos”.

Todos los sábados, al amanecer, los hombres van llegando a la Plaza del Poncho con sus pantalones blancos y sus largas trenzas, y las mujeres con blusas bordadas, falda, chal azul, collares dorados y pulseras de mullos rojos, y comienzan a acomodar en cada puesto los jerséis hechos a mano, los telares, las blusas bordadas, los murales de paisajes andinos, las mantas de vicuña, los adornos de cuero y madera.

Datos de interés

? Ciudad: Otavalo

? Sector:Centro

? Dirección:Sucre y Salinas

? Horario de atención:De Lunes a Domingo 07:00 a 19:00

? Costo de ingreso:Gratuito

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? La Plaza de los Ponchos está ubicada en el medio de la alegre y pintoresca ciudad de Otavalo, donde se camina en medio de miles de tapices, ponchos, sacos gruesos de lana tejidos a mano, gorros, guantes, chalinas, blusas bordadas, las famosas fajas que son usadas como cinturones por las indígenas, alpargatas, shigras, vestidos, bufandas y mucho más.

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? Otras artesanías que también se encuentran y que colaboran para llenar de color son los collares de mullos -también prenda de las indígenas otavaleñas-, las figuras de palo de balsa, las talladas de madera, la cerámica, joyas artesanales y pinturas. También se encuentran artesanías de otras regiones del Ecuador y de países andinos.

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? Para apreciar todo el colorido de la feria, lo mejor es llegar a las 6 de la mañana y presenciar el espectáculo del mercado de animales. A las 7 es hora de ir a la Plaza del Poncho, donde se venden desde los ponchos azules de lana gruesa que usan los otavaleños, hasta remedios mágicos contra los celos y exquisiteces con carne de cuyes. La feria dura hasta que se va el sol, con un encantador sonido de fondo compuesto por el zumbido de las máquinas de tejer, la música tradicional andina y las mujeres hablando en quichua.

? En los alrededores de la Plaza se puede encontrar una gran variedad de hoteles y restaurantes donde se puede disfrutar de la hospitalidad y del sabor de sus platos típicos. Además se puede encontrar numerosas tiendas de artesanías que atienden todos los días de la semana, siendo el sábado un día especial en Otavalo.

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