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El calzado, la osota, la sandalia indigna
 

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Fecha de Publicación: 2017-03-12
Fuente/Autor: 
 

En la elaboración de las sandalias -únicas en su diseño- se utilizan materiales textiles que se dan en la misma zona.

La comunidad indígena de Salasaca tiene sus propios diseñadores y confeccionistas de calzado, ellos elaboran sandalias con contenido andino.

En sus modelos usan los tejidos en lana de borrego, que son hechos en los telares rudimentarios de madera. Estas prendas son similares a las alpargatas, pero estilizadas para que las jóvenes las utilicen.

Hay con taco alto para las ejecutivas o de plataforma. En la fabricación se usan materiales autóctonos como la cabuya, la lana de borrego o de alpaca y la madera.

También son bordados con hilos de colores y confeccionados a mano. En los pequeños talleres los artesanos tejen las fajas o chumbis, que usan las mujeres para sostenerse el anaco.

Un gran trabajador

Uno de los artesanos más antiguos en la confección de las sandalias con 32 años de experiencia es Agustín Masaquiza o don ‘Pendonero’, como todos lo conocen en su comunidad, quien tiene más de 20 modelos y diseños exhibidos en su vitrina.

Están decoradas con una infinidad de figuras donde sobresalen las llamas, los ríos, el sol, los paisajes del campo o la tierra. Cada semana vende cinco pares a las jóvenes de la comuna.

Las fajas, que miden 2 metros de largo y de entre 10 a 15 centímetros de ancho, están decoradas con 54 figuras combinadas con varios colores. Las adquiere por las personas que tejen en su propia comunidad, las corta en pedazos de 20 centímetros cada una, las cose y las pega.

En sus modelos hay gráficas que ‘hablan’ de la naturaleza, la fertilidad, la flora, la fauna, las fiestas y la cosmovisión indígena. Este trabajo lo aprendió de su padre Agustín.

“Él elaboraba las alpargatas antiguamente con sogas de cabuya, que fueron reemplazadas por el caucho y combinadas con los tejidos autóctonos que se elaboran en los telares de la comunidad”, cuenta Mazaquiza.

Personas de Bolívar, Chimborazo, Cañar llegan hasta su vivienda para adquirir esta prenda. También ha exportado a Estados Unidos y a otros países en forma indirecta. “Los turistas que visitan les gusta, ellos compran entre cuatro y seis pares” menciona Agustín.

Un par se comercializa entre los 30 y 45 dólares. Todo depende del modelo y la complejidad en su fabricación. “Dimos un cambio con modelos juveniles, para que las mujeres las calcen y se vean elegantes”, afirma Masaquiza.

Tradición

En esta comunidad Agustín Masaquiza no es el único artesano, en los últimos 20 años otros cinco zapateros también las elaboran. En la vía al Rosario está la casa de taita Berna o Baltazar Jiménez, de 60 años de edad.

En su vivienda funciona su taller y local de sandalias, Jiménez diseña sus propios modelos. En una mesa de madera corta los chumbis, pero más delgadas que las habituales. Las fajas son entrelazadas para dar forma a la sandalia, en una plataforma de caucho une cada una de las partes. Así, un par de sandalias puede tardar un día en fabricarse.

“La fusión de colores y figuras vuelve atractivo al calzado, eso hace que las chicas de la comunidad se interesen por mis trabajos”, manifiesta Jiménez.

María Elena Taris cuenta que es un zapato cómodo y que combina con su atuendo compuesto por un anaco (falda) negro, rebozo morado y blusa blanca. “El calzado que hacen es parte de la nueva tendencia de la moda indígena”, argumenta María.

Baltazar explica que antiguamente la gente caminaba descalza, luego, con las sogas de cabuya, las alpargatas se confeccionaban a mano y se fueron adaptando a los pies de los habitantes de los pueblos indígenas.

Posteriormente, se combinaron el cuero y los tejidos en la manufactura, ahora se emplean las chumbis o fajas para los diseños, según las comunidades indígenas. (DA)

Las oshotas

En la zonas central y sur de América, hubo dos clases de calzado muy difundidas y generalizadas que han llegado a nuestros días: los alpargates –hoy llamadas alpargatas, espadrilles en Francia y España- y las ojotas u oshotas.

La denominación “alpargate/a” parece provenir del árabe "albargat" o del hispano-árabe “pargat”. La mayoría de la población chibcha del Altiplano lucía los pies descalzos; sin embargo los caciques y gentes de mayor rango social calzaban la"hushuta" o suela de cuero fijada al calcañar por cordones también de cuero, los cuales pasaban por entre los dedos.

Las alpargatas que usaban los campesinos de Boyacá fueron introducidas por los españoles y en sus raigambres históricas parecen que son de origen árabe, con amplio uso en Valencia en la época medieval; también aparece con los nombres de cotiza, quimba y ojota. Las primeras mujeres españolas que llegaron al Altiplano utilizaron las alpargatas, inicialmente hechas de algodón y luego de fique; el campesino boyacense fué muy lento en adoptar las alpargatas españolas; los indígenas y en general los campesinos durante muchos siglos fueron descalzos como sus ascendientes chibchas. Las alpargatas de las mujeres podían ser muy lujosas en las campesinas ricas.

Eran los llamados "alpargates" una suela de hierbas trenzadas con capellada de tela gruesa o lona, es un producto de los españoles, al establecerse en América, se adaptaron en muchos casos al uso de alpargates. En los primeros tiempos, el calzado de cuero era difícil de obtener y costoso. No tanto porque para fabricarlo no hubiera en un principio ganado suficiente en América, pues el cuero de res se podía sustituir por cueros de animales americanos sino por la escasez de oficiales zapateros.

La preferencia se justificaba sobradamente, dado que eran cómodos para andar en los malos caminos de América, sobre todo si había piedras. Se podían lavar y secar con suma facilidad. Su confección era fácil y rápida y la fibra para hacerlos se encontraba a cada paso, pesaban poco y, de no ser necesarios se llevaban colgados a la cintura.

La mayor parte de los alpargates que se usaban en Panamá, provenían de Guayaquil y de Lima. Asimismo se ha visto que el Ecuador era un proveedor importante para Tierra Firme.

Francisco Pizarro acostumbraba jugar a la pelota calzado con ellos y era índice de bravura usarlos en el ejército antes que zapatos.

Las monjas descalzas de San José, Lima, no usaban chapines, sino alpargates de lana. En Perú enterraban a los muertos vestidos y calzados. Papel no menos importante que en la conquista desempeñaron en las guerras de independencia y en las civiles. En la batalla de Boyacá los oficiales patriotas las calzaban; los soldados iban descalzos .Otro

científico asegura, después de sus experiencias en Colombia en 1854, que si tuviera que caminar con frecuencia, usaría alpargates y no zapatos. Los alpargates fueron artículo de exportación en algunos períodos del siglo XIX. En el bienio 1854-1855 se llegaron a exportar 22.076 pares.

¿Sandalia?

Pocas palabras indígenas se han conservado para designar el calzado. La de mayor difusión es la quechua ussuta, que los españoles convirtieron en ojota u oshota especie de sandalia que se describirá después. Las llamaron Cactlis, en México. Distintos testimonios arqueológicos como pinturas murales, dinteles, tallas pétreas de deidades o guerreros, motivos en objetos cerámicos, diversos códices, descripciones de los misioneros que llegaron con la conquista y hallazgos en diversas cuevas, evidencian que el calzado mejicano existe desde la antigüedad.

El calzado, llamado cactli, cacle o huarache, tenía significado social y denotaba el rango de su portador. Los españoles lo denominaban sandalia o zapato de indio. Estaba confeccionado en ixtle o henequén, en cuero de jaguar, con suela de cuero de venado "con varios dobleces a manera de alpargatas españolas". Otros, llamados potzolcactli de piel de zorra, eran generalmente empleados por el que daba la fiesta de los mercaderes. Otros estaban pintados, adornados con plumas, o con láminas de oro, como era el caso de los cozehuatl, especie de polainas de piel o medias botas que eran prolongación o parte de los cactli y cuyo uso era exclusivo de los mandatarios. Para la época del virreinato, el artesano indígena continuaba manufacturando los cacles en gran número, incluso había regiones que se singularizaron por esta actividad, aunque algunos ya vestían a la española.

Como se observa, el cacle o huarache es un escaso vestigio de la antigua indumentaria prehispánica y su uso aún perdura en todo el país entre indígenas, mestizos, gente de las grandes ciudades y extranjeros. Esta sandalia o cacle corresponde a un pie izquierdo, está tejido con fibra natural de ixtle; podría ser una variante de los conocidos como "pata de gallo" en los que hay dos cuartos laterales que se insertan en la suela, una pieza que protege al talón (correa) que pasa por los cuartos, convirtiéndose

luego en dos tiras que pasan entre el empeine y el segundo dedo, quedando al descubierto el empeine y los dedos del pie, lo que permite la circulación del aire.

Técnicamente, es la mezcla de cuatro distintos tejidos complejos y la decoración la constituye el mismo diseño. Las ojotas que usaban los peruanos tenían suela hecha de cuero crudo del pescuezo de las llamas, que se consideraba como más resistente y se sujetaba a talones y empeine con cordones de lana del grueso del dedo.

Con el nombre de gutara se designaban las sandalias de una sola suela de los indígenas del norte de Méjico y en Nicaragua. A la sandalia de cuero se le llama cutarra en Panamá y en Costa Rica, cutarra o cutara En el oriente peruano se le dice súcuy a una sandalia de cuero sin tacón y en Bolivia, a las sandalias se les llama huiscus, aunque allí las mujeres andan descalzas.

Andar el pie al suelo era la norma entre los plebeyos de México, pero en Puerto Rico era costumbre general. En la Nueva Granada, la diferencia social no se refería al vestido sino al calzado. Las tribus calzadas usaron materiales vegetales y animales para este fin. Materiales vegetales: las sandalias más elementales fueron, al parecer, las de tribus guayanesas de Manoa. Se hacían del pecíolo de la palma aeta, con una cuerda que pasaba entre el dedo gordo y el siguiente; se fabricaban a la medida del pie, y aunque se gastaban pronto por el suelo rocoso, era fácil reemplazarlas en pocos minutos.

En la misma Guayana empezaron a fabricarse, desde principios del siglo XVII, las botas y suelas, de caucho con molde. Sandalias de cortezas de árboles a modo de chinelas, llevaban los indígenas de la costa norte del Chocó en la época de las exploraciones de Pizarro y Almagro, “porque descalzos se les quemaban los pies” Materiales de origen animal: En Mérida de Yucatán se hacían zapatos de venados, los indígenas en Cartagena usaban cambarcas de cuero de venado.

Antes de la dominación incaica en Caranque y provincias al norte de Quito, los naturales usaban zapatos, que después tuvieron obligatoriamente que cambiar por las ojotas. De cuero de pescuezo de llama eran las usutas u ojotas de los andinos peruanos, antes y después de la conquista española. Cuando el viajero tenía que chapotear en el agua, se las quitaba porque el cuero mojado se ponía como tripa.

Las sandalias para las collas o Vírgenes del Sol del Perú, tenían capellada de lana blanca. Cuando el tirano Aguirre llegó a la boca del Amazonas en 1561, halló indios desnudos, con sandalias de suela de cuero.

A continuación veremos qué calzado usaban puntualmente las siguientes culturas:

OLMECA (5.000 a.C. - 800 d.C.)

Es la civilización amerindia documentada más antigua y ella derivan todas las demás culturas precolombinas mesoamericanas. Habitaba la costa meridional del Golfo de México y los Estados de Oaxaca y Guerrero, pero dejó rastros también en Guatemala y El Salvador. Los personajes representados en algunas pequeñas estatuas encontradas cerca de Xochiapa, en México, poseen casco una suerte de botas y algunos antropólogos opinan que tal confección sea típica de los

jugadores de pelota.

MAYA (2.000 a.C. - 1.546 d.C.)

La civilización maya fue la más avanzada,

conocían la escritura, habían elaborado un sistema numérico muy complejo, practicaban la astronomía, eran constructores extraordinarios y tenían un calendario muy preciso. Poco de su producción artística y literaria ha llegado a nosotros, pues los colonizadores destruyeron mucho de sus obras. Vivían en Guatemala y el Yucatán y usaban sandalias con suela de cuero sujeta a la pierna con cordón de cáñamo, decorándolas muchas veces con pieles, plumas y oro. Se cree que hacían un zapato de goma de duración limitada sumergiendo sus pies en una mezcla del caucho.

AZTECA (1000 d.C. - 1525 d.C.)

Era un pueblo guerrero procedente de las regiones del

sur occidental del actual EE.UU. que penetró a México expulsado por tribus más fuertes; se instalaron sobre algunas islas del lago Texcoco, fundaron la capital, Tenochtitlan, hacia el 1325 d.C. y consiguieron conquistar extensos territorios después de batallas seguidas del sacrificio ritual de los prisioneros. Curtían el cuero mejor que los españoles y sabían teñirlos de distintos colores, aparentemente mediante tintes vegetales como el añil o el quebracho, y tintes de origen animal como el color rojo

carmín que se obtiene de un insecto, la cochinilla. Para ellos los zapatos eran un símbolo de prestigio social; los pobres iban habitualmente descalzos, pero los notables calzaban sandalias con la suela de cuero o fibras vegetales, como la yuca, trenzadas. Los ricos y del rey tenían decoraciones de oro, plumas y pieles coloreadas. Los guerreros empleaban el Cozehuatl, sandalias unidas a una especie

de caña alta que llegaba a proteger la rodilla; esto se justificaba debido a que los guerreros aztecas en batalla no tenían por objeto fundamental matar al enemigo, sino herirlo, quebrándole las piernas y capturarlo para después sacrificarlo a sus dioses. El calzado consistía en zapatos, sandalias y huaraches. La mayor parte iban descalzos.

INCA (1200 d.C. -1532.d.C.)

Era una pequeña tribu que habitaba en la zona de Cuzco, Perú y que en pocas generaciones consiguió conquistar el territorio que se extendía de Colombia a Chile, a lo largo de la Cordillera de los Andes. Su decadencia empezó en del 1532 cuando el español Francisco Pizarro y sus hombres desembarcaron en Tumbes en el Perú septentrional y, en Caxamarca, consiguieron capturar al rey, el Inca Atahualpa, ajusticiándolo en 1533, no sin antes obtener de él un fuerte rescate en oro y piedras preciosas. No han trascendido muchos datos acerca de sus costumbres sobre el curtido, tintura y fabricación de su calzado. Sí sabemos que usaban principalmente sandalias u ojotas, habitualmente trenzadas en fibra de agave y en cuero de llama y una especie de botas que cubrían la rodilla. Las mujeres que pertenecían a la familia real empleaban también botas de oro.

 
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