Por avalancha en Colombia: suben a 234 los muertos


Fecha de Publicación: 2017-04-03

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Al menos 234 muertos y cientos de heridos y desaparecidos dejó en el sur de Colombia una avalancha generada por el desborde de tres ríos tras lluvias torrenciales en la ciudad de Mocoa, fronteriza con Ecuador, informó la Cruz Roja Colombia (CRC) en su último balance divulgado este domingo.

17 barrios afectados, 300 familias afectadas, 202 personas heridas, 234 fallecidos (174 identificados por Medicina General), 158 casos reportados de búsqueda de familiares (151 abiertos y siete cerrados), 25 viviendas destruidas", señaló el reporte.

El director de la Corporación para el Desarrollo Sostenible del Sur de la Amazonía (Corpoamazonía), Luis Alexander Mejía, aseguró que la deforestación y la falta de actualización del POT, fueron las principales causas.

La madrugada del 1 de abril partió en dos la historia de Mocoa, Putumayo. Una avalancha, provocada por las fuertes lluvias, ocasionó el desbordamiento de los ríos Mocoa, Mulato y Sangoyaco, provocando la muerte de 210 personas y dejando a miles damnificadas.

Generalmente, en esta zona del país caen 10.000 milímetros de agua al año, pero en la madrugada del pasado sábado cayeron 600 en unas pocas horas. Esto sumado a la topografía y características ambientales de la zona, los ríos torrenciales que la rodean, adquirieron características violentas, arrasando con todo lo que encuentró a su paso.

El director de la Corporación para el Desarrollo Sostenible del Sur de la Amazonía (Corpoamazonía), Luis Alexander Mejía, explicó que la desbastadora tragedia que vive hoy Mocoa ya había sido advertida, pues esta entidad previamente había hecho unos estudios en donde alertaba que este tipo de acontecimientos podrían pasar.

“Hace nueve meses cuando hicimos un taller con el Servicio Geológico Colombiano donde advertimos que esto podía pasar por el uso inadecuado de los suelos que agrava este tipo de eventos. Además, indicamos que varios municipios amazónicos, incluido Mocoa, no habían actualizado su Plan de Ordenamiento Territorial (POT). Por eso ha sido complejo concertar e implementar los determinantes ambientales en esta zona”, añadió Mejía

A esto, se le suma que Putumayo se convirtió en el quinto departamento de Colombia que más pérdida de capa vegetal ha tenido, pues hasta 2015 habían sido deforestadas 9.000 hectáreas. “Cuando quitamos la cobertura vegetal, la tierra, que está compuesta en gran parte por ceniza volcánica, se impregna de humedad y con el agua de lluvia se causan estragos”, explicó Mejía.

En Mocoa, están deforestadas las rondas hídricas y las aledañas a los asentamientos humanos, un ejemplo de esto es el barrio San Miguel, que quedó prácticamente borrado tras la tragedia. Por tal razón, es urgente restaurar dichas zonas. Además, hay otros grandes responsables de la perdida de vegetación que son la ganadería extensiva irresponsable y los cultivos ilícitos.

El restablecimiento de los servicios de energía y acueducto tardará por lo menos dos semanas. Mientras que la alarma en esta zona del país sigue en rojo, porque las vertientes de las quebradas están fracturadas y hay socavamiento de los ríos que podrían hacer crecer el número de víctimas mortales.

Agua potable

La ministra de Vivienda, Elsa Noguera, aseguró que la primera atención se hará por medio de carrotanques.

El turno ahora es para el ministerio de Vivienda, Ciudad y Territorio en medio de la tragedia que ya ha dejado más de 200 muertos en Mocoa, Putumayo, y cientos de damnificados. Después de la labor que vienen adelantando los cuerpos de socorro, la Policia y el Ejército, el encargado de buscar soluciones en materia de agua potable es, precisamente, el ministerio de Vivienda.

Por eso este domingo, expertos en la materia, buscarán soluciones para que los mocoenses puedan volver a recibir, como lo tenían el viernes antes de la avalancha, el agua potable tan necesaria ahora que tampoco hay energía. “Hoy estaremos con el presidente Santos en la ciudad de Mocoa, con un solo propósito que es restablecer lo antes posible el servicio de agua potable. Por un lado haremos intervenciones que permitirán recuperar parte del sistema de acueducto, pero al mismo tiempo tendremos que apoyarnos con carrotanques”, advirtió la funcionaria.

El anuncio se hace después de que se lograra poner en uso el paso vial en la concesión que permite la entrada vehicular a Mocoa, después de que la avalancha del viernes en la noche arrasara con todo lo que tenía en frente, no sólo con los habitantes de la capital de Putumayo sino con sus casas, carros, puentes y cubriera de fango las principales vías.

El ministerio de Vivienda informó que "la llegada de la comisión del Gobierno a la capital del Putumayo está estimada para antes del mediodía del domingo, y a lo largo de la jornada las entidades mantendrán informados a los colombianos sobre las decisiones que se tomen para afrontar la tragedia".

Se sabe que al menos 17 barrios fueron los afectados y que existe riesgo de que sean más si no se toman las medidas de emergencia necesarias. El alcalde de Mocoa, José Antonio Castro, en conversación con El Espectador, fue claro y aseguró que la ubicación geográfica de Mocoa no es la más adecuada porque está cercada por 10 ríos, todos con posibilidad de aumentar su cauce y afectar a la población

"Estoy profundamente

apenado por la tragedia": Papa

Durante una misa en Carpi (norte de Italia), el Papa Francisco envío un mensaje de solidaridad y acompañamiento a las víctimas de la avalancha en Mocoa.

"Estoy profundamente apenado por la tragedia que golpeó Colombia, donde una gigantesca avalancha de barro, causada por lluvias torrenciales, embistió la ciudad de Mocoa, provocando numerosos muertos y heridos". Esas fueron las palabras con las que el Papa Francisco expresó su dolor por la tragedia que se registró la noche del viernes en la capital de Putumayo, enviando sus condolencias a los familiares de las víctimas.

Durante una ceremonia litúrgica en Carpi (norte de Italia), con ocasión de la restauración de una iglesia dañada por un terremoto en 2012, el Sumo Pontífice expreso su cercanía con aquellos que siguen en la búsqueda de sus seres queridos. "Rezo por las víctimas y aseguro nuestra cercanía a cuantos lloran la desaparición de sus seres queridos", añadió al agradecer también a "todos los que están trabajando en el socorro".

Foto papa

“Fue como si el mar

hubiera pasado por

el barrio”

Los testimonios de los pobladores de Mocoa retratan las horas de pánico que se vivieron y la angustia que permanece. “Habrá que esperar y seguir viviendo con un ojo abierto”, resumió una víctima.

A Octavio Hernández la tragedia lo sorprendió durmiendo. Apenas cinco horas antes había llegado a Mocoa en un bus de Cootranshuila, proveniente de Pitalito. Estaba cansado, su actividad como comerciante lo tenía extenuado. Llegó a su casa, situada en el barrio San Miguel, cenó con café y un pan y se acostó a dormir. A las 11:45 p.m. el grito de Mercedes, su vecina, pidiendo auxilio porque no encontraba a su hijo de cinco años, lo dejó en pie de un solo golpe. “No entendí qué pasaba, estaba oscuro, la gente corría de aquí para allá. Lo que hice fue coger el morral y salir corriendo como todos”. (Lea: Causas y recomendaciones tras la avalancha en Mocoa).

El testimonio de este hombre de 25 años, soltero y quien tan solo se había trasladado a este barrio hace dos meses, se entremezcla con otras voces entrecortadas de mujeres y de hombres, aglomerados en las puertas del hospital José María Hernández, el centro asistencial en donde han llevado a la mayoría de los afectados en la tragedia de Mocoa. (Galería: Las desgarradoras fotos que deja la avalancha en Mocoa)

“Es que me dijeron que a mi hijo lo trajeron acá. ¿Es verdad? Estaba en donde la prima en el barrio San Fernando. Tiene 12 añitos”, comenta una mujer. “Esto es tremendo. Aquí estamos acostumbrados a la lluvia, pero no a una cosa como esta. A mí se me llevó media casa. Afortunadamente mi esposo, que estaba cerca, solo resultó golpeado en la cabeza, pues le cayó un pedazo de teja”, observa otra persona. “Dicen que fueron tres ríos que se desbordaron, pero como si el mar hubiera pasado por el barrio. Ahora toca buscar, entre el lodo y piedras a ver si encontramos la cama, la ropa, los enseres o las ollas de la cocina”.

Mocoa hoy es una dolorosa polifonía de voces, de ruidos extraños, de pedazos de pared que siguen cayéndose o que los habitantes tumban con picas y palas para que no causen más tragedias. La madrugada del sábado 1 de abril fue un día triste para Putumayo, un día para recordar y también para olvidar.

La huida de la aguas

A las 9:00 p.m. en los barrios Esmeralda, Pablo Sexto y Progreso, los habitantes se disponían a descansar. Alberto Cifuentes había comprado dos libras de arroz y una libra de chocolate en la miscelánea la Independencia. “Me iba a tomar una cerveza de afán, pero me arrepentí. Un muchacho en bicicleta dijo que el clima estaba para encerrarse a ver televisión. Eso hice y fue lo que me salvó. Cuando las aguas nos sorprendieron alcancé a sacar a mi mujer y a mis dos hijos por la carrera 4a hacia arriba”.

Unas horas después. este habitante, de profesión albañil, no encontró su casa, únicamente un montón de barro, mezclado con palos y tejas “destartaladas”. Su mirada lo dice todo. “Bueno, al menos estamos vivos. Por ahí escuché a una vecina que no encuentra a su hijo de cinco años. Ahora, ¿en dónde vamos a vivir?”, agrega con voz entrecortada.

Rosamina Fernández, reside en el barrio San Miguel. En la noche del sábado quería confeccionar una blusa para el cumpleaños de su nieta, pero el fluido eléctrico dejó de funcionar y no pudo terminar. Pensó que en la casa de su hija, distante a seis cuadras, podría haber energía. Entonces pidió a su otra nieta que la acompañara. “Eso fue lo que me salvó la vida. Quedé sin media casa, pero estoy viva.

Y es que ni la terminal de transporte se salvó de la fuerza de las aguas de los tres ríos que se desbordaron. Tejas caídas y tierra y lodo hacen parte de la escena. En las calles aledañas, en donde generalmente se parquean camionetas y camperos todo terreno, algunos vehículos resultados averiados. “Fue como los arroyos de Barranquilla. A un compañero se le llevó el carrito como tres cuadras y entre todos lo ayudamos a sacar porque iba a estrellarse contra un muro”, relata Diógenes Buitrago, conductor de la empresa Cootransmayo.

La ayuda es generalizada

Entre tanto, aquellos a quien las aguas no los afectaron, decidieron unirse para ayudar a sus vecinos, amigos y familiares. Clemencia Leguizamón se pudo las botas pantaneras y se unió a un improvisado grupo de ayuda y rescate. Desde las primeras horas del sábado se puso al frente de sus vecinos, se acercó a un miembro de la defensa civil y dijo: “Dígame en qué ayudamos”, señalando a un piquete de hombres y mujeres, armados de palas, picas y escobas.

Pero no solo la señora Leguizamón está hoy preocupada por la situación. Soldados, integrantes de los organismos de socorro y muchos pobladores, se han dedicado a buscar personas atrapadas o, incluso, cuerpos sin vida, refundidos entre el barro y las piedras. “Vea, hay que ayudar. Esto es como un Armero. Hay un poco de niños corriendo por ahí buscando a sus papás. Eso no puede ser. Hay que reunirlos en alguna parte y darles comida. En estos momentos es cuando hay que meter una mano y con la otra limpiarse las lágrimas”.

A su vez, el Consejo Departamental de Gestión del Riesgo de Putumayo, señala que por ahora hay en Mocoa al menos 120 personas heridas, 300 familias afectadas en 17 barrios y un sinnúmero de viviendas afectadas y 2 puentes destruidos. Carlos Iván Márquez Pérez, director de la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres, destaca que: “La situación es muy compleja. Para ello se activó un plan de contingencia, unido a una sala de crisis ya instalada. Hay por lo menos 150 personas para hacer efectiva una primera respuesta y la maquinaria dispuesta en el lugar empezó a actuar de inmediato”.

El alcalde José Antonio Castro pidió al Gobierno total respaldo. “Todos los barrios aledaños a los ríos, prácticamente muchos de ellos, quedaron casi desaparecidos. Hay un número indeterminado de desaparecidos, de niños y adultos que no alcanzaron a salir, que todavía no han sido reportados”.

Mientras tanto, un solo pensamiento ronda entre los habitantes de Mocoa. “¿Será seguro quedarse en casa? Pues a mí me tocará, quedarme despierta porque aquí en Laureles (uno de los barrios afectados) a mi casa no le pasó casi nada. Pero ¿y si siguen las lluvias? ¿Eso quién me lo responde?”. Esta es la dicotomía a la que se enfrenta Gladys Moreno, madre soltera de dos niños y quien trabaja en la plaza de mercado, mientras observa el estado que quedó uno de los dos puentes destruidos por las aguas.

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