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Duelo nacional por fallecimiento del ex-presidente Leon Febres Cordero
 
Duelo nacional por fallecimiento del ex-presidente Leon Febres Cordero
 

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Por Decreto Ejecutivo Nº14-82, el presidente de la República, Rafael Correa, en atención al deceso del ex presidente León Febres Cordero, declaró tres días de luto nacional.

El presidente de la republica considerando que murió el ex presidente, ex congresistas y ex alcalde, indicó que “es deber de la republica honrar la memoria de quienes han ocupado la más alta magistratura del Estado”, por lo cual, decreta, “Tres días de luto nacional”.

Durante esos días, “el emblema patrio será izado a media asta en toda empresa pública y representación diplomática en señal del pesar que embarga a la nación ecuatoriana por esta perdida”.

Además, se ordena “destacar a una delegación para que a nombre del gobierno nacional asista al sepelio”, del ex mandatario. El decreto “dispone al Ministerio de Defensa que las fuerzas armadas nacionales le rindan los honores póstumos que de acuerdo a su rango estipula el reglamento del ceremonial publico”. Además, se ordena al Ministerio de Relaciones Exteriores “expida un ceremonial especial para las exequias del ingeniero León Febres Cordero, en consulta con sus familiares, y de conformidad con el art. 78 del reglamento de ceremonial publico” En su parte final, el decreto establece la entrega un ejemplar original del mismo a la familia del ex presidente.  

Febres Cordero murió a las 16h30

El ex presidente de la República, León Febres Cordero, murió a las 16h30 en la clínica Guayaquil, en donde se encontraba internado desde hace una semana producto del cáncer de pulmón que padecía.

En los últimos días, Febres Cordero había registrado una leve mejoría en su salud, lo que llevó a los galenos a quitarles la sonda.

El también ex alcalde de Guayaquil viajó el pasado 1 de diciembre a Tampa, Florida, Estados Unidos, a bordo de un avión ambulancia para someterse a unos chequeos médicos.

Lo acompañaban sus hijas María Auxiliadora, María Eugenia y Liliana; su hermano Agustín, su nieta Leonella y el ex diputado Alfonso Harb.

A las 18h30 de ese día, lo sometieron a exámenes para determinar el grado de avance del cáncer de pulmón que padece y en la noche le hicieron una broncoscopia.

Al día siguiente, a las 10h00, lo entubaron y el miércoles y jueves de esa semana, lo sometieron a sesiones de radioterapia para quemar y reducir el tamaño de los tumores que tiene en ambos pulmones.

Sin embargo, los médicos dijeron a la familia que ya no había esperanza de mejoría, pues el cáncer se había extendido por ambos pulmones.

El ex mandatario decidió, entonces, retornar a Guayaquil, sin tubos, por lo que los especialistas pidieron a las hijas de Febres Cordero firmar un documento para eximir a la clínica de responsabilidades si él fallecía durante el vuelo.

Pero, el avión aterrizó en Guayaquil a las 20h30 del domingo 7 y de inmediato lo trasladaron a la clínica de su sobrino Roberto Gilbert.

Desde entonces, Febres Cordero se mantenía estable y recién el fin de semana pasado presentó una leve mejoría, que incluso lo llevó a saludar a los simpatizantes que se apostaron por varias noches en los exteriores de la casa de Salud.

En sus momentos de lucidez, recibió la visita de decenas de amigos y enemigos políticos como de Frank Vargas Pazzos, quien protagonizó la sublevación de los comandos de Taura en 1987.

También lo visitó Norma Delgado, madre del presidente de la República, Rafael Correa, quien estuvo acompañada de su hijo Fabricio Correa.

Incluso, el presidente Rafael Correa le deseó el pasado sábado paz en su corazón y se solidarizó con la familia del ex líder del Partido Social Cristiano (PSC).

Hoja de vida

León Febres Cordero Nació en Guayaquil    el 9 de marzo   de 1931. Estudió Ingeniería Mecánica en EE.UU. Fue Presidente de la Cámara de Industrias por cinco períodos. 

Tiene cuatro hijas de  su  primer matrimonio con María Eugenia Cordovez. Y un segundo compromiso con Cruz María Massuh.

Presidente de la  República (84-88), Alcalde de Guayaquil (92-2000).León Febres Cordero es el último de los ‘siete patriarcas de la componenda’.   Jaime Roldós llamó así al grupo de políticos que le hacía  oposición desde el Congreso,  a inicios de los años ochenta.

Blasco Peñaherrera: Me siento conmovido

El ex vicepresidente de la República y binomio de León Febres Cordero, Blasco Peñaherrera, lamentó la muerte del líder del Partido Social Cristiano (PSC).

"Me siento conmovido con el hecho, era algo inevitable, fatal, no por eso me ha dejado de impactar", declaró Peñaherrera que fue vicepresidente de la República en el Gobierno de Febres Cordero.

"Es para mi algo sinceramente muy duro", continuó al mismo tiempo de mostrar su dolor por el fallecimiento de León.

Febres Cordero falleció ayer tras varios días internado en una clínica privada por sus problemas pulmonares producto a sus años de adicción al cigarrillo.

Velado en la Catedral de Guayaquil

A las 20:40 los restos del ex Presidente fueron trasladados a la Catedral de Guayaquil. Ahí permanecerá hasta mañana miércoles a las 13:00 cuando se realice el sepelio.

Una fuente allegada confirmó que será sepultado en el Parque de la Paz, en el cementerio ubicado en la vía a Samborondón.

La familia también recibió un mensaje de la Presidencia de la República, anunciando la presencia del Mandatario Rafael Correa, después de las 20:00, antes de partir con destino a Brasil.

Mañana a las 12:00 habrá una sesión extraordinaria del Concejo Cantonal para rendirle homenaje al Ing. Febres Cordero.

La batalla mas dura: su salud

Siete días después de que le extirparon el ojo derecho, León Febres Cordero reapareció con su estilo característico. Declaró que “Guayaquil había perdido hasta el liderazgo”.   Así reconoció sus discrepancias con el alcalde Jaime Nebot, por su reacción “extemporánea” contra el régimen de Lucio Gutiérrez. “Quito, mire, me saco el sombrero, no puedo decir lo mismo de mi tierra, Guayaquil. Si yo fuera autoridad, hoy serían otros los cantares”, aseguró.

Era el 18 abril del 2005. Las  protestas en Quito, para pedir rectificaciones al gobierno de Lucio Gutiérrez, arreciaban: tenían ya varios días y entraban en un camino sin retorno. 

A Febres Cordero no le importó que su ojo luciera cerrado, a causa de la cirugía. Ese día llevaba un parche en el bolsillo con la intención de utilizarlo, en caso de salir a marchar a  las calles. No es su estilo esconder sus enfermedades ni  agradar físicamente. “Soy como soy,  no me presento como artista de cine... por reservado que quiera ser, al día siguiente estoy en la prensa”, respondió   a una pregunta incluida en el libro ‘Madera de guerrero’, de David Wong. Acababa de operarse en el hospital Bascum Palmer de Miami, donde se le extirpó su ojo derecho. Con la misma fortaleza que enfrentó la operación, enfiló sus críticas  “al régimen dictatorial” de Gutiérrez.

El origen de su deterioro  visual fue una catarata, luego un glaucoma que afectó su retina y el iris. Las infecciones pusieron en riesgo  su ojo izquierdo, por lo cual  se le retiró el derecho. En mayo le colocaron una prótesis.

Pero los quebrantos de salud del ex Presidente no son recientes. En 1992 emprendió el reto de transformar Guayaquil, pero también inició la batalla con   sus dolencias. En ese año, se le detectó un cáncer de vejiga. Afortunadamente, el tumor fue localizado  a tiempo y se lo pudo combatir. Alternó su gestión como Alcalde de Guayaquil con los viajes a EE.UU.  para seguir su tratamiento de recuperación.

En  la misma época,  su estilo marcaba   la  reestructuración del  Cabildo, tras la  desastrosa gestión roldosista.  Fueron  ocho años de labor, que le dejaron   poco tiempo para su familia. En esa época   también  le diagnosticaron una diabetes que ha logrado controlar, con los años.

No obstante, sus limitaciones  físicas no incidieron en el plan de reconstrucción de la ciudad, durante su primer período. Por eso, en 1996, su éxito como Alcalde  lo llevó a una segunda administración municipal.

Caricatura: Pancho CajasEn ese año, incluso, resistió una operación de corazón abierto de ocho horas en Cleveland (EE.UU.).  Tenía 65 años. Le colocaron tres baipases para superar una obstrucción de las arterias que conducen la sangre al corazón. Tras la cirugía tuvo problemas de oxigenación. 

A su regreso a Guayaquil, su médico y sobrino Roberto Gilbert le hizo una pequeña curación en la cicatriz. 

Ese mismo año empezaron a manifestarse sus problemas en  el ojo derecho. Durante un recorrido de obras se le desprendió la retina, que recubre la capa interna del ojo. Ni el intenso dolor que sintió ese día lo alejó esa tarde del despacho municipal. En marzo de 1999, casi al término de su segunda administración, se dirigió a una multitud, que acompañó al banquero Fernando Aspiazu, en un duro discurso  contra del régimen de Jamil Mahuad.   “¡Yo no me ahuevo carajo...!”, gritó Febres Cordero como en sus mejores tiempos.    

Pero su condición física, sometida a múltiples cirugías, distaba mucho de   la  que tenía cuando estuvo en la Presidencia (84-88); en ese período no tuvo complicaciones médicas. Terminó  los cuatro años con un peso que bordeaba las 200 libras, aunque fumaba un tabaco tras otro. La imagen con el cigarrillo en la mano y las bocanadas de humo se había vuelto recurrente para sus colaboradores. León Febres Cordero  empezó a fumar desde la adolescencia.       

En Carondelet   consumía entre tres y cuatro cajetillas diarias. Con el tiempo, su  adicción  le pasó la factura: le diagnosticaron cáncer en el lóbulo del pulmón izquierdo y un enfisema que ataca de forma    irreversible a los fumadores crónicos. Su ex asesor y amigo, Juan Manrique, cree que “el cigarrillo debe haberle servido de compañero para todas sus guerras”. No así  el vodka Absolut, cuyo consumo -dice- ha sido sobredimensionado. “A veces se tomaba uno antes de dar un discurso”, recuerda Manrique.

En el 2000, al final del segundo período en la Alcaldía de Guayaquil, su dependencia  del cigarrillo  complicó su salud. Se retiró del Cabildo dejando la posta a  Jaime Nebot.

Pero el líder del Partido Social Cristiano (PSC), no se alejó del todo de  la política. En el 2002 ganó la  diputación por Guayas, pero por sus problemas cardio- rrespiratorios acudió en contadas veces al Congreso en Quito.  Especialmente, para denunciar la renegociación de la deuda.  

En enero del año anterior,  su  estado de salud le obligó a renunciar a un segundo período legislativo. Y    desde hace dos meses,  en la Clínica Guayaquil, se enfrenta a la batalla  más sensible  de su vida: el cáncer y el enfisema pulmonar. La semana pasada soportó  un viaje desde  EE.UU., donde recibió  cuatro sesiones de radiación.   A su regreso, pidió no ser entubado. Su hermano mayor, Agustín, recuerda lo que  le dijo antes de volver: “Si ya puedo regresar al Ecuador  y tengo que morir, quiero morir en mi patria...”.

La Clinica

La ‘suite’ donde estuvo  el ex Presidente   está  en el primer piso de la Clínica Guayaquil. Es  propiedad de su hermana Delia Febres Cordero, viuda de Roberto Gilbert  Elizalde, un pionero en la medicina. Es un cuarto con dos habitaciones y una sala de espera. En la primera habitación reposa el ex Mandatario y en la segunda descansan sus familiares, quienes lo acompañan.

La habitación en donde estuvo Leon está en la parte posterior de ese centro médico. Un cuarto adaptado a un área de terapia intensiva. Posee implementos médicos como un desfibrilador. La cama es eléctrica y se convierte en silla para realizar terapias respiratorias.

El pasado 1 de diciembre, el ex Presidente viajó a Tampa, EE.UU., para realizarse una sesión de radioterapia. Para esa ocasión se trasladó en un avión ambulancia con tres médicos.  Se calcula que cada viaje costó alrededor  de USD 25 000.  El seguro médico internacional, cubrió su traslado y la estadía  en  el Hospital Moffitt Cancer Center de Tampa. 

El tratamiento estuvo a cargo de su sobrino y médico Roberto Gilbert. Él es galeno especializado en cirugía del corazón.  Su apego a la medicina la  heredó de su abuelo paterno, Abel Gilbert Pontón, y de su padre, Roberto Gilbert Elizalde.

“Desde ahora soy politico profesional”

Fue en 1979  que decidió ser un político profesional. “Decidió  dejar la empresa privada por completo, reunió a la familia y le dijo:   ‘De ahora en adelante soy político profesional’. Y diseñó su lanzamiento  a la política democrática”. Lo revela   así   Henry Raad, quien lo conoce desde la época empresarial y luego lo acompañó como concejal en los ocho años de  Alcalde de Guayaquil  (92-2000). “Decidió hacerse político profesional por la lucha contra la dictadura, las corrientes eran socialistas antiempresariales,  lo que vivimos  ahora. El Estado es todo: concentrador, administrador, acaparador.  Salió en defensa de lo que era el liberalismo”, dice Raad. Venía de una familia de ancestro liberal pero se metió en la capa socialcristiana, porque no encontró espacio entre los liberales. “Yo estuve siempre inclinado a afiliarme al Partido Liberal, pero fue imposible; las ambiciones internas, los conflictos que tenían  no dejaban el ingreso de gente  joven y de gente nueva...”. Febres Cordero lo reconoce en el libro  ‘Madera de guerrero’, que editó en el 2005 David Wong Chauvet, luego  de largas horas de conversación, durante    semanas,  con el ex  Presidente de la República. 

El  78  el Partido Social Cristiano (PSC) le propuso afiliarse a sus filas.  Si bien estaba en concordancia con sus convicciones liberales exigió     “que lo modernizaran e incorporaran a la ideología socialcristiana el concepto de economía social de mercado”. Cuando aceptaron se afilió al partido que fundó Camilo Ponce, que    ya había muerto.  Desde ese partido de fuerte raigambre serrano hizo su plataforma política y  aplicó su estilo. “Él fue el partido. El núcleo del  poder  que lo abarcó todo, no cedió espacio”, dice Raad. Añade que  su temperamento, la inteligencia, la intensidad de trabajo, la gran  memoria y su entrega lo hacían más notorio. Eso sumado a  polémicas decisiones.

El historiador Willington Paredes reconoce que es un líder que, por sus condiciones del momento histórico,  tuvo que devenir en caudillo con matices neopopulistas. Destaca su postura liberal, creyente del libre mercado, defensor del civilismo republicado. Aunque sostiene que “fue su error no haber hecho conexiones políticas con los dirigentes sociales, sino quedarse en las élites empresariales, y ellos se confundieron creyendo que debían funcionar apegados al PSC”.

En el libro ‘Madera de guerrero’, el ex Presidente reconoce que la  “concepción liberal es una actitud frente a la vida, más que una ideología”. Lo es “ frente a las posiciones contra el capital que cumple su responsabilidad, al totalitarismo bárbaro del comunismo... Mi posición lógica era la que adopté, por un país democrático, donde se respete la propiedad,  justicia independiente,  partidos serios, dentro del concepto general de democracia que tengo”.

En la década de los 80, su Gobierno  se involucró en un enfrentamiento con la organización  izquierdista Alfaro Vive Carajo. Luego de esta cruzada se elevaron quejas por supuestos abusos a los derechos humanos. En esas páginas constan las desapariciones de los hermanos Restrepo, Consuelo Benavides y las muertes de varios líderes del grupo guerrillero.    Pero Álex Ripalda niega que su amigo de juventud haya sido un  prepotente desde el poder. Sus  adversarios lo tildan así. “Él siempre ha tenido que buscar la ofensiva porque lo atacan. Dice:  a mí no me cambian el temperamento. Yo nací así y muero así”.