MACHALA, MARTES 18 DE JUNIO DEL 2019

La impronta de Trujillo

Contento 21
Me divierte 43
Me Encanta 20
Me Sorprende 24
Me Molesta 18
Me entristece 3

Redacción

    @diariopinion

   sÁbado 25 de Mayo del 2019     |        630

 

 

A la edad de 88 años, Julio César Trujillo Vásquez, político, abogado y catedrático universitario, murió con las botas puestas. Su compromiso con el pueblo y las grandes causas nacionales no le dejaron otra opción que asumir, hasta el último momento de su existencia, grandes desafíos y responsabilidades en el servicio público. Es que la necesidad y urgencia de devolverle la institucionalidad a un Estado contaminado por la corrupción y el abuso de poder a manos del correísmo no le permitieron a este incansable ciudadano y adalid de los desamparados, gozar de ese merecido sosiego y pausa laboral a la que tiene derecho todo adulto mayor luego de una vida llena de trabajo y sacrificios.

La tranquilidad de permanecer en la biblioteca, el estar en contacto con la naturaleza, disfrutar de la compañía de la familia y los amigos, o simplemente desarrollar las actividades propias de la cotidianidad, sin horarios asfixiantes ni afanes de por medio, debió ser interrumpida, en el caso de Julio César Trujillo, al asumir la presidencia del Consejo de Participación Ciudadana y Control Social Transitorio, organismo que tuvo a su cargo, en general, la evaluación, cesación y designación de autoridades de organismos de control, sobre cuyas decisiones, valga subrayar, el nuevo CPCCS no podrá someterlas a revisión, conforme pronunciamiento de la Corte Constitucional.

De ahí la importancia de reconocer, en medio de las dificultades económicas, de los problemas sociales y políticos, así como del deterioro de la ética social en un mundo signado por la cosificación del hombre, el gran ejemplo de vida entregado por un patriota que entendió perfectamente el valor de anteponer el bienestar común al interés privado o personal, en tanto la administración de la república no debe admitir a impostores y menos a quienes idolatran al becerro de oro. Por eso, Julio César Trujillo, con la frente en alto, y luego de muchos años de una activa y limpia participación en la vida pública del Ecuador, decía a sus contradictores que pretendían descalificarlo por su edad: “Me podrán decir viejo, pero no ladrón”.

No cabe duda de que la desaparición física de Trujillo conmovió a los ecuatorianos, pues duele su partida, y más aún cuando la misión de enderezar a la nave del Estado dada al garete, es una tarea en construcción y que está llena de desafíos que requieren de hombres y mujeres dispuestos al sacrificio en la línea de enfrentar, sin ambages ni temores, el statu quo y a quienes manejan los hilos del poder y sus inconfesables intereses.

Por eso mismo, la huella o impronta de Trujillo ahora se convierte en una especie de faro que guía a los ecuatorianos en el propósito de enrumbar al país, a partir del cultivo de los valores morales, en la búsqueda de la democracia real y participativa, del ejercicio pleno de las libertades, de la opción preferencial por los pobres o desheredados del sistema, de la justicia social y, desde luego, de la firme defensa de la naturaleza que se halla amenazada por el accionar depredador del hombre y su insaciable ambición.

Adiós al viejo luchador del siglo XXI. Sit tibi terra levis.(O)

 


  Fuente :  

Giovanni Carrión Cevallos @giovannicarrion


  ARRIBA

P