MACHALA, MIÉRCOLES 20 DE MARZO DEL 2019

¿Una disputa por la supremacía tecnológica?

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Redacción

    @diariopinion

   viernes 15 de Marzo del 2019     |        1995

China y Estados Unidos, las dos economías más grandes del mundo, se encuentran inmersas en una guerra comercial desde que el presidente Donald Trump implementó una estrategia comercial con tintes proteccionistas, fundamentada en la imposición de aranceles y orientada a contrarrestar las prácticas comerciales del país asiático.

A pesar de los esfuerzos de ambos gobiernos por buscar alternativas para evitar una escalada en la disputa, la rivalidad existente en el ámbito de las tecnologías avanzadas ha limitado todos los esfuerzos en el proceso de negociación para poner fin a las diferencias que, indudablemente, trascienden el ámbito comercial.

El gobierno de Estados Unidos sostiene que China se ha beneficiado de conocimiento estadounidense adquirido de manera injusta, mediante políticas y prácticas como la transferencia forzada de tecnología entre empresas asociadas o conjuntas, la violación de patentes, el espionaje industrial y el otorgamiento de subsidios a la industria nacional, entre otras. Desde esta perspectiva, el gobierno argumenta que estas han tenido efectos negativos sobre la economía estadounidense.

Como parte de esta estrategia, el presidente Trump instruyó a la Oficina del Representante Comercial de Estados Unidos (USTR) llevar a cabo dos investigaciones comerciales. La primera, en virtud de la Sección 232 de la Ley de Expansión Comercial de 1962, la cual determinó que las importaciones de acero y aluminio, incluidas aquellas provenientes de China, ponen en riesgo la seguridad nacional del país. La segunda en virtud de la Sección 301 de la Ley de Comercio de 1974, la cual resolvió que los actos, las políticas y las prácticas del gobierno de China relacionados con la transferencia de tecnología, la propiedad intelectual y la innovación son poco razonables o discriminatorios y gravan o restringen el comercio de Estados Unidos

. En ambos casos, la USTR concluyó que era necesaria la imposición de aranceles para limitar las importaciones, aun conscientes de que los países que resultasen afectados, como es el caso de China, podrían responder con medidas equivalentes como represalia, lo cual traería sin lugar a duda, graves implicaciones para ambas economías.

Consecuentemente, el gobierno estadounidense ordenó la imposición de aranceles de entre el 10% y 25% sobre diversos productos chinos por un valor total de 250 000 millones de dólares. La última ronda de estos aranceles fue anunciada el 17 de septiembre de 2018. Esta consistió en aumentar en 10% los aranceles sobre 200 000 millones de dólares en productos importados de China. Por su parte, el gobierno de China respondió en represalia con medidas similares. Estas consistieron en la imposición de aranceles de entre 5% y 10% sobre una variedad de productos estadounidenses por un valor total de 110 000 millones de dólares.

Estas medidas resultaron en una guerra comercial que ha impactado considerablemente sobre el comercio entre ambas economías, sobre todo en cuanto a las exportaciones estadounidenses se refiere. Asimismo, dado el nivel de intercambio bilateral, se calcula que los aranceles impuestos por ambos países afectan sobre el 12% del total de las importaciones de Estados Unidos. Solo como referencia, de acuerdo con la Oficina del Censo estadounidense, en el periodo de enero a noviembre de 2018, las exportaciones de bienes estadounidenses a China ascendieron a 111 000 millones de dólares y las importaciones sumaron 493 000 millones de dólares. Esto arroja un balance deficitario para Estados Unidos de 382 000 millones de dólares, con un incremento destacable en comparación con el déficit en la balanza comercial de 2017.

A pesar de todo, el gobierno estadounidense tenía previsto el incremento de los aranceles a partir del 1 de enero de 2019 e incluso, Trump ha amenazado con aplicar nuevos aranceles sobre 267 000 millones de dólares adicionales en productos importados de China, si el gobierno de ese país no cambia su posición en cuanto a sus políticas y prácticas comerciales. De implementarse esta medida, los aranceles adicionales cubrirían el total de las importaciones estadounidenses provenientes de China.

Empero, en el marco de la Cumbre del G-20 en Buenos Aires, el presidente Trump y el Presidente de China, Xi Jinping, convinieron suspender de manera temporal la imposición de nuevos aranceles dentro de un periodo de 90 días para buscar un nuevo acuerdo que permita poner fin a las diferencias comerciales y con ello evitar la escalada en la disputa. Así, funcionarios de ambos países continúan sosteniendo reuniones al más alto nivel tanto en Washington como en Beijing para encontrar una posible solución a las diferencias. Pero, más allá de concertar una extensión adicional del periodo que concluyó el 1 de marzo de 2019, hasta el momento no hay avances concretos porque aún no está claro qué concesiones estén dispuestos a hacer.

Esto responde a que las partes no han logrado ponerse de acuerdo sobre los temas de mayor interés, sobre todo en cuanto a la política de transferencia forzada de tecnología y propiedad intelectual, así como de subsidios que el gobierno otorga a las industrias manufactureras avanzadas como parte del plan industrial “Made in China 2025”.

 


  Fuente :  

Jorge O. Armijo de la Garza


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