MACHALA, DOMINGO 17 DE FEBRERO DEL 2019

Democracia y revolución

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Redacción

    @diariopinion

   martes 12 de Febrero del 2019     |        1529

Izquierdas y derechas, a su modo y en su oportunidad, se han empeñado en descubrir “democracia” en las revoluciones, insurrecciones o revueltas que han protagonizado.

 

No importa si los dictadores eliminaron las libertades, suprimieron el sufragio y reprimieron a la población. No importa si esos regímenes fueron negación del Estado de Derecho. Lo que importaba, e importa, es encontrarle “legitimidad” a esos sistemas de dominación, aunque para ello deba llamarse libertad a la esclavitud o progreso al atraso, en el mejor estilo de mentira política y de falsificación de la historia.

 

Los regímenes totalitarios de Alemania del Este, Hungría y Checoslovaquia, represores, brutales y corruptos, por largos años llevaron el membrete de “democracias populares” con la complicidad escandalosa de buena parte de la intelectualidad europea, habituada como estuvo a vivir de las prebendas que repartía el poder comunista, en una de las más censurables prácticas de venta de conciencias que registra la historia.

 

Hay toneladas de literatura barata, falsificación sociológica y propaganda disfrazada de filosofía que evidencia semejantes conductas. En esos empeños, la línea argumental ha sido constante: encontrar democracia donde no hay posibilidad de elegir y “liberación” donde hay sometimiento y represión.

 

Para ese fin, se inventaron las inefables “razones superiores”, los intereses de clase, el sentido de justicia, etc., en nombre de los cuales se ejerció, y se ejerce, el poder. De algún modo, a esas razones superiores los teólogos medievales llamaban el “derecho divino a gobernar”. La revolución es una especie de dios laico, que justifica todo, hasta la organización de modernas inquisiciones y crímenes contra la población.

 

 El régimen cubano es un ejemplo notorio de la “santidad revolucionaria” que le confirieron políticos, intelectuales y medios de comunicación, embelesados unos, y apoltronados otros en la comodidad que ofrece aquello de “ser de izquierda”. Hoy, después de sesenta años, ese sistema que empobreció y sometió a la gente, para algunos corifeos, aún es ejemplo de democracia sin elecciones y de “legitimidad” sin voz del pueblo.

 

 La dictadura de ancianos que gobierna en la Isla sigue inspirando odas a una libertad que no existe y cantos a la soberanía, que encubren la moderna versión de la esclavitud. La izquierda, anclada en el pasado y sin ideas sobre una sociedad que nada tiene que ver con la de los sesenta, no acaba de sacudirse de la dependencia del autoritarismo y de su admiración por los dictadores, y se niega a admitir que el ícono socialista solo ha provocado desastres y ha convertido la democracia en una negación. Ejemplo, Venezuela. ¿Podrá esa izquierda reaccionaria admitir sus errores y aceptar el liberalismo?  


  Fuente :  

Por: Fabián Corral


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