MACHALA, MARTES 13 DE NOVIEMBRE DEL 2018

Mary, siempre Mary

Contento 17
Me divierte 39
Me Encanta 19
Me Sorprende 4
Me Molesta 11
Me entristece 16

Redacción

    @diariopinion

   jueves 8 de Noviembre del 2018     |        409

En el mundo literario a veces hacemos culto por los autores tanto como por los libros. Decimos “lo que trasciende es la obra”, pero mantenemos viva la memoria de esos iluminados que dedicaron buena parte de su vida –o toda– a plasmar obsesiones por medio de la lengua. Excepcionalmente son personas comunes, pasan fugaces e intensos por el firmamento de la existencia y su personal avatar nos llena de asombro. Ese es el caso de Mary Shelley.

 

Se ha hecho famosa con el apellido del marido –cosa que está quedando atrás en la identidad civil de las mujeres–, pero estamos hablando de una vida que transcurrió hace casi doscientos años. Ella tuvo destacados apellidos materno y paterno como para “pedir prestado” algún reconocimiento a su matrimonio: su madre fue la militante y escritora Mary Wollstonecraft, que arrastraba un halo de ejercicio libertario desde el hecho de haberse asomado con sus propios ojos a la Revolución Francesa, y su padre el filósofo William Godwin, propulsor del anarquismo. Pero vio desde niña su nombre inscrito sobre una lápida porque su madre –su homónima– murió al darla a luz. Todo esto en la Londres de la segunda década del siglo XIX.

 

Con su nuevo matrimonio, Godwin forma un hogar mezclado que acoge a una hija mayor de Mary, a dos niños de la segunda esposa y a esa bebé marcada prematuramente por la adversidad. (O)

 


  Fuente :  

Cecilia Ansaldo Briones


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