MACHALA, LUNES 19 DE NOVIEMBRE DEL 2018

Palabra y corrupción

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Me entristece 25

Redacción

    @diariopinion

   jueves 8 de Noviembre del 2018     |        1999

La palabra es el poder del espíritu sobre la violencia. La palabra aparece previa a las grandes transformaciones sociales. Ángel Osorio afirmaba que “detrás del artillero viene la palabra inteligente”. La palabra, en toda la gama de las metáforas sociales, es el verbo que se hace carne después de cada génesis de la historia y de la vida. Cierto, la palabra apremió al ser humano a errar en busca de lo imposible, forzándolo a ansiar lo perfecto, pero la realidad es eso que sigue allí cuando dejamos de creer en ello. La palabra, sobre todo en el mundo de la política, se corrompe a ritmo de vértigo. Las ideas que deben expresar, en una abrumadora mayoría de políticos, se vuelven fango, moho, derrumbe, o doblez, codicia, delirio. 

 

La palabra otorga al ser humano la condición diferencial que lo inviste y distingue, y que resulta manifestación del pensar y del querer, la posibilidad del convencimiento, la explicación del apetito, la excusa de la falta, el órgano vivo del cerebro, del corazón y de la voluntad. La palabra del expresidente de la década extraviada solo sirvió para engañar y encubrir y, entre esos dos términos, fluyó su resentimiento -solo la generosidad sana a los resentidos, pero esta nace con el ser, no es posible inventarla-, y devino en enajenación, estolidez y miseria (la befa que deslizó en contra del actual mandatario, omitiendo sus valores enfrentados a una tragedia, es “capítulo olvidado” de la Historia de la estupidez humana). Escudado por un grupúsculo de áulicos voraces, galvanizó al pueblo con un estado de propaganda jamás antes visto. Silenció a todos para ser la voz de su fallido intento de erigirse en ‘Único’. Deplorable humorista, cantante y bailador, se dio mañas para ser el ‘espectáculo’ de un decenio. El buen humor puede hacernos llorar de risa, el humorismo sonreír a la tristeza, el expresidente conmina a llorar de indignación o lástima. El insulto puede ser recurso válido, pero para ser “el gran insultador de América” (Miguel de Unamuno calificó así a Juan Montalvo), es necesario poseer talento en abundancia y un caudaloso acervo cultural. ¿Ha mostrado estos atributos el expresidente? Nunca. Sin embargo, entre un torrente de epítetos sosos no exentos de perversidad, instauró un sistemático saqueo del erario nacional. Ovaciones y laureles aumentaron su acritud y en lugar de sosegarlo sembró odios: el odio engendra venganza y quienes la sienten pasan a ser iguales que el sembrador. La palabra es voz elegida que se envicia, voz jurídica y ética que declina o extenúa a merced de falacias y mendacidades. Dominio e inutilidad se develan en las fronteras de la palabra, y es ella en su esencia -de acuerdo con la autenticidad y grandeza de preceptos de quienes la pronuncian, escuchan y despliegan- cuando se la aprecia en sí misma; de lo contrario, es demolida por obra de cualquier alucinado encaramado en el poder absoluto.(O)


  Fuente :  

MARCO ANTONIO RODRÍGUEZ


  ARRIBA

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