MACHALA, MIÉRCOLES 17 DE OCTUBRE DEL 2018

LA PALABRA DE UN GOBERNANTE

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Redacción

    @diariopinion

   viernes 12 de Enero del 2018     |        132

PRIMERA PARTE:

Sin duda alguna el pueblo ecuatoriano vivió momentos de nerviosidad, de inquietud, de sorpresas, por los insultos, calumnias, faltas de respeta a la dignidad y a la honra, por las persecuciones a las personas, por parte de los políticos que nos gobernaron durante una década, por los negociados, por los tremendos actos de corrupción, por los crímenes y asaltas que nos sorprendieron cada mañana y nos castigaban cada tarde y noche, por el costo de la vida y del sustento, por las violaciones a la niñez y por mil cosas más que intranquilizan y oscurecen la existencia de los pobres ecuatorianos.

Para quien escribe estas líneas por conservar con devota pasión el respeto, la cortesía, no será peligroso el uso de ciertos vocablos que de todo modo son parte del vocabulario castellano, pero para quienes vemos en ciertas palabras, la grosería, la mala educación, la trastienda con que afecta la personalidad de las personas o de otros políticos; el discurso político deja de ser tal para convertirse en simple ofensa, en pura injuria, en mero ultraje, en genuino zaherimiento. Manera de expresarse de la manera que venimos escuchando a cada momento durante la década pasada del correismo, no es manera de hablar de un Presidente de la Republica que es el ciudadano número uno del país.

Siempre hemos creído y siempre hemos escuchado a nuestros grandes hombres que llegan a ocupar la más alta dignidad de Presidente de la Republica las voces más cultas, las voces más respetables, las voces más dignas, voces de altura. Pero estas que se escucharon en estos últimos 10 años, son lecciones, si se puede llamar lección de incultura de vulgaridad, de lo soez, de lo mal educado.

La energía no está en el vocablo descomedido, en la palabra insolente, en lo que se dice ser mala palabra, no en el sentido de voz impropia o antigramatical –que también lo es – sino en el valor de grosera, de invectiva, de insolente. La valentía no está en la palabra atrevida, no está en el dicterio, está en la fuerza mental, en la grandeza de espíritu, en el poder de dominio, si es posible en las palabras más suaves, más delicadas pero conformadas con un respaldo de responsabilidad noble.


  ARRIBA

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