MACHALA, MARTES 19 DE JUNIO DEL 2018

LECCIONES DE LA VIDA

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Redacción

    @diariopinion

   domingo 3 de Septiembre del 2017     |        77

SEGUNDA PARTE:

………Está visto que somos un eslabón de esa cadena de vida, que requiere la fuerza de toda la humanidad y el amor de todas las generaciones. Sin amor nada es. Por eso, necesitamos sentirnos acompañados y acompasados, en esa reconstrucción viviente, que nos demanda abrir caminos de justicia permanente. Es tan fuerte el dolor que nos inunda. Son tantos los sembradores del terror. Que a veces nos quedamos sin aliento. Continúan además creciendo las víctimas de desapariciones impuestas.

Sea como fuere, hemos llegado a un punto, que resulta irrealizable enumerar al completo la extensa tonalidad de amenazas contra la vida humana. Bajo esta concepción existencial, hasta la misma convivencia social se deteriora profundamente. Nadie conoce a nadie y tampoco nadie considera a nadie. ¿Hasta cuándo este clima de inhumanidad? Sin duda, ha llegado el momento de que las sociedades y los Estados de todo el planeta, fomenten ese espíritu de familia humana verdaderamente acogedora y solidaria. Ya está bien de tanta exclusión y rechazo a todo lo que no sea productivo. Desde luego, el repudio a cualquier existencia, por insignificante que pueda parecernos, es algo intolerable.

Tras esta atmósfera de irritantes despropósitos, deberíamos revisar nuestras propias andanzas, y ver la manera de salir de esta dramática crisis humanitaria que soportamos por todo el orbe. Hoy más que nunca se necesitan planes de acción conjuntos que nos humanicen y mejoren la vida sobre toda vida. La cantinela de los bloqueos en algo tan natural, como el movimiento en bienes y personas, nos suelen dejar sin palabras, y con mucha angustia en la mirada. Puede parecer cansina esta reivindicación, pero nos falta entusiasmo intergeneracional, sobre todo para promover la tolerancia, la cooperación y el entendimiento para crear un entorno más habitable- armónico.

Dicho lo cual, propongo, claro está si me lo permite el lector, repensar más sobre las lecciones vividas, y ser menos fanáticos de ideologías que, en cualquier caso, son siempre rígidas y absolutistas. En la tierra lo que ahora nos falta son moradores conciliadores, que nos hagan retornar al camino de la humildad, al del corazón, a la ruta de la belleza del alma. Por el contrario, nos sobran dirigentes políticos que ni ellos mismos se creen lo que dicen, hasta el punto de hacer de lo blanco, negro; y de lo negro, blanco.

Confiemos en una renovada hornada de ciudadanos de mundo, que vivan esos horizontes de amplitud, cobijando a todos. Me quedo, al fin, con la esperanza del Papa Francisco, al gentío universitario: “Cuidado con creer que la Universidad es sólo estudiar con la cabeza: ser universitario significa también salir, salir en servicio, con los pobres sobre todo”. Este anhelo sí que me emociona, aparte de injértame de savia, como que es la existencia misma tratando de defenderse de tanto mezquino suelto, con poder en plaza y pedestal de orden y mando.


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