Contacto en Bélgica


Fecha de Publicación: 2017-08-19

Fuente/Autor: Rodrigo Murillo Carrión

Noticia Vista : 2960  Veces.

   

Si bien la realidad individual puede llegar a ser constructo de una mente lúcida, escapa a la febril imaginación de las utopías; las buenas intenciones no bastan para modificar las cosas; los ilusos deben entenderlo, y poniendo los pies sobre la tierra acceder al valle de la probabilidad. La realidad está formada de fuerzas diferentes que entendiéndose logran el equilibrio y dan lugar a un universo de nuevas probabilidades, en el reino de la diversidad, donde no hay dimensiones igualitarias; así actúan la naturaleza y el universo, no cambiarán; y sin embargo, hacen la belleza del firmamento, dan lugar a teorías elegantes, constituyen el mejor lugar para vivir, mientras duren.

La entropía (el caso y el desgaste) acecha y el final catastrófico podría adelantarse si el equilibrio se altera por la pretensión de un igualitarismo imposible. El realismo no significa ni implica la derrota, pero es la condición para enfrentar y resolver los problemas o necesidades, abriendo el paso al optimismo, con el usufructo de aquella diversidad. En el universo hay planetas, pulsares, estrellas gigantes, satélites, quásares y mucha materia oscura; en la naturaleza hay una variedad exótica de seres, con plantas que parecieran tener sentidos (ejemplo las acacias); la humanidad está configurada de culturas que hacen de la alteridad una característica, una enriquecedora diversidad para conocer; y la sociedad está formada de segmentos con funciones específicas (unos labran la tierra, otros extraen los metales, etc., etc.). El campesino es conforme en su tarea, mientras el minero puede abominar de su oficio, un profesor empieza amando su profesión y después pide a gritos la jubilación, hasta los cantantes o futbolistas tienen sus momentos de sacrificio y sufrimiento.

No pueden existir el igualitarismo ni la completa satisfacción, lo que se debe invocar es el equilibrio y la superación: una relación armónica entre los sectores diferentes, un reparto equitativo de la riqueza que generen, para que la naturaleza humana perfeccione sus pensamientos y su forma de sentir. Pero hay algo que podemos obtener solos; una satisfacción parcial con lo que hemos conquistado, con lo que tenemos y somos; hallar una forma de felicidad hasta donde la “sábana” lo permita. No creo que se deba esperar a ser rico o a ganar la lotería para empezar a disfrutar de la vida y la cultura. Y eso no es conformismo, es sabiduría. El único requisito para un “iniciado” es el trabajo bien remunerado; por el contrario, la caridad estigmatiza, la limosna empobrece a las naciones, la pereza es un derecho sin opción al reclamo de compensaciones. Trabajo para generar riqueza es el “secreto” de los triunfadores, países o individuos, y se obtiene suscribiendo promesas y contratos de equilibrio que apliquen la fórmula de la reciprocidad. Y los acuerdos se logran mediante el diálogo, si vivimos una era diferente, de comunicaciones veloces donde las máquinas reemplazan al hombre.

El odio, la revancha, el resentimiento, la perversidad en todas sus formas, el abuso del poder, se fermentan en espíritus mezquinos que no pueden superar sus traumas. Si quedan políticos abanderando esas causas o se cobijan en sus malignas energías, los que se observan en los noticieros como fuentes inagotables de rencor, no son muchos y no sumarán más adeptos de los que tienen. El Ecuador ya se cansó de tanto odio manejado por los hilos de una cúpula encriptada en su delirio; no necesita recibir consejos ni órdenes que provengan de un contacto en Bélgica.


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