La palabra ciudadana



Fecha de Publicación: 2017-08-13

Fuente/Autor:  Rodrigo Murillo Carrión

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La preocupación por nuestro futuro no puede ser arrebatada ni usurpada por terceros, bajo ninguna bandera de color político, de aquellos que a nombre del “soberano” se toman el poder para disponerlo según la voluntad de sus caprichos, siguiendo el mandato de sus intereses personales. Difícilmente los ciudadanos libres podremos creer en el canto de sirena y menos en los berrinches de políticos –hombres y mujeres- que ofrecen bajar el cielo a la tierra y al final nos dejan todo convertido en infierno. Abominable estirpe longeva, reptando en cualquier dirección que le ofrezca una cuota de poder y figuración. Serán pocos los políticos que puedan escapar al destello de un protagonismo aunque sea pasajero; y esperamos que el Presidente Moreno se incluya en esa honrosa categoría, su modestia así lo deja ver. De sus antiguos coidearios –hoy enemigos- estamos hartos, su repetido discurso seudo revolucionario es mortificante y cansino; de una cacareada revolución ciudadana sólo hemos visto elefantes blancos, hospitales sin médicos ni remedios, alumnos sin universidad, una educación en crisis, denuncias de corrupción y un triste encasillamiento entre los países socialistas del Siglo XXI, considerados de alto riesgo para la inversión extranjera. Sus logros iniciales fueron opacados por tantos abusos del poder, los insultos como estilo de gobernar, una vanidosa arrogancia, gastos excesivos, etc. etc.; su única herencia es la manía del sectarismo, el delirio del poder en nombre de unas elecciones apretadas y seguidores fanáticos que no han recuperado la razón.

El pueblo ecuatoriano no tiene por qué seguir soportando un autoritarismo que se piensa erradicado, la dictadura de mentalidades “anacrónicas”, confundidas entre la utopía y el fracaso. Ha despertado y se ha librado del temor a expresarse, porque el régimen actual quiere corregir en lugar de ahondar las raíces del odio. Y a los ciudadanos nos llega la oportunidad de resistir los vestigios de la tiranía; de oponer argumentos a las viudas que creen tener el designio de pensar por el país entero. Ante el fracaso del modelo pro comunista –dictadura del partido- nos corresponde reclamar el diseño de un proyecto que sirva para crear riqueza y compartirla con justicia, sin apelar a la caridad pública. En esa perspectiva es fundamental erradicar el consumismo frenético, mientras se agigante la producción cultural y se fortalezcan nuestras identidades.

Hay que seguir buscando la fórmula del equilibrio “capital-trabajo” para salir de la pobreza económica, moral y cultural; pero de limosnas no se puede vivir y menos progresar; trabajo, inversión, capital, reglas claras, “diálogo” (no monólogos) y patrones culturales, son los requisitos que hacen falta para crear la riqueza de la nación en sus diferentes regiones y capas sociales. No se puede pensar en repartir lo que no existe y menos quitando a quienes hicieron fortuna con trabajo y honradez. Frente a la debacle económica, servida en vajilla de lujo, podríamos empezar con una política cultural y un reproche a las tiranías del Continente.



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