Se ha jugado hasta el momento la V fecha del torneo ecuatoriano de fútbol de la Primera A y ya hay tres jugadores extranjeros que han sido despedidos de sus clubes, lo que habla a las claras la falta de capacidad de los directivos para contratar a los verdaderos refuerzos foráneos.
El primero en quedar cesante fue el argentino Hernán Silva quien militó en Olmedo de Riobamba. El jugador mostró limitadas condiciones y no puso ninguna diferencia ante los criollos. Por ello se fue a casa. El segundo de hacer maletas fue otro argentino. Se trata de Martín Troncoso que no dio pie con bola en Espoli. En este mismo equipo dio paso a un lado el paraguayo Luis C. Espínola.
La mayoria de los jugadores extranjeros que llegan a los clubes del país son desconocidos. Algunos vienen a probar suerte y en muchas de las veces les juega la lotería. No faltan los ilustres desconocidos que se hacen goleadores, a los que se les pide que se nacionalicen, tal como ocurrió hace poco con Claudio Bieler, quien en su país de origen no hace una en Racing.
Unos se van y otros vienen. La U. Católica inscribió el martes pasado en el seno de la FEF al colombiano Omar Guerra, quien ha jugado en Dep. Quito, Dep. Cuenca, T. Universitario. Inclusive fue promocionado para jugar en Barcelona. El norteño ya podrá actuar con los camarattas desde este fin de semana y cubrirá la plaza dejada por Espínola.
El fútbol se ha convertido en una alcahuetería para nacionalizar a elementos que ningun favor le han hecho al pais. El patear un balón no justifica que le regalen la nacionalidad a nadie. Guerra tramita su nacionalización, pero ha sido inscrito como extranjero.
Los extranjeros que vienen resultan verdaderos bultos. Barcelona tiene en la banca a Lucas Landa, quien no juega por la buena actuación de Perlaza y Hurtado. El foráneo debe poner la diferencia.