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Ordenamiento de las cuencas hidrográficas
 

Fuente/Autor: Walter Chamochumbi

 
La Cordillera de los Andes constituye una de las áreas geográficas más extensas de la región y un espacio común en la problemática de ordenamiento territorial de los países andinos. Su configuración biogeográfica es altamente compleja y heterogénea, así como los espacios-territorios que conforman a las cuencas hidrográficas de su vertiente occidental (las que se orientan hacia el océano pacífico) y oriental (las que se orientan hacia el océano atlántico), presentándonos un escenario singular -a nivel de sistemas biofísicos y sociales- para el análisis de sus múltiples interacciones según escalas, tiempos y procesos de maduración. Tales procesos responden a una dialéctica territorial y de ordenamiento particular en el contexto de las cuencas hidrográficas.

Dialéctica territorial del escenario regional andino.- Numerosas investigaciones corroboran que con el episodio histórico de la conquista española, se interrumpe abruptamente un proceso endógeno de ordenamiento territorial del escenario regional andino y las dinámicas propias de los múltiples procesos de ocupación, adaptación y asentamiento que condujeron hasta ese entonces las diferentes culturas y etnias locales. Resaltando en ellos los diferentes procesos de ordenamiento ensayados en los espacios natural-sociales conformados por las cuencas hidrográficas de ambas vertientes de la cordillera andina, y que pusieron en evidencia un escenario territorial altamente complejo y heterogéneo en el que se lograron prácticas exitosas de ordenamiento (aún en medio de relaciones de tensión y conflicto de los diversos grupos sociales en pugna, además de la variabilidad de los factores climáticos-ambientales). En tal contexto, se refiere a que el impacto de la racionalidad occidental española, que impone su visión etnocentrista de ocupación y manejo del espacio-territorio andino, fue de tal magnitud que alteró significativamente los rasgos centrales de la racionalidad indígena andina (eminentemente agrocéntrica) y sus estructuras y dinámicas culturales, socioeconómicas y ambientales.

Es a partir de estos hechos históricos que luego se producen nuevos eventos que configurarían lo que algunos investigadores han denominado como la crisis territorial moderna. Con el devenir la conducción asumida por las culturas y grupos sociales dominantes en las prácticas de ordenamiento territorial, se corresponden con procesos muy dinámicos e inestables, porque estos no siempre han seguido una línea temporal invariable y ascendente (progresiva), sino que muchas veces han seguido procesos inciertos, con periodos de estancamiento, de avance y retroceso determinados por factores políticos, socioeconómicos y ambientales, tanto de orden interno y externo. No obstante, estos cambios y reordenamientos constantes del territorio se pueden explicar mejor por las contradicciones inherentes a cada proceso social territorial, y que se han comprendido en el marco de la llamada “dialéctica territorialâ€.5 Al respecto, los distintos procesos de articulación, desarticulación (y de reordenamiento) de los diferentes componentes de los territorios se resuelven como consecuencia de las contradicciones y tensiones propias de cada proceso, al nivel de eventos naturales (como algún desastre natural) como sociales (es decir, en los que los diferentes grupos humanos inmersos en pugna respecto a la gestión de los territorios cumplen un papel, tanto en su rol de conducción y/o de subordinación).

Según lo anterior podemos sintetizar que los procesos de ordenamiento territorial en el escenario regional andino, y en el ámbito particular de las cuencas hidrográficas, responden a una dialéctica territorial que supone una praxis científica y empírica en el proceso de análisis e intervención de sus espacios, según cada contexto y escala de desarrollo. Dicha praxis parte de un enfoque holístico y sistémico de las cuencas, y se refiere al uso de métodos e indicadores cuantitativos y cualitativos que integra sus distintos componentes de interacción y aplica criterios de sostenibilidad (principalmente en los campos económico, social y ambiental), y que además recoge los elementos propios de la experiencia y dinámica local de los distintos actores involucrados. Y resultando en el diseño de las políticas, planes, estrategias y acciones de ordenamiento por el cambio y en una perspectiva integral de desarrollo.6

La cuenca hidrográfica: un escenario-problema para el ordenamiento territorial.- No obstante que diversos autores perciben a la cuenca hidrográfica en forma indistinta como espacio y territorio, siendo términos diferentes pero complementarios, en general podemos decir que la cuenca hidrográfica constituye un espacio físico delimitado por la propia naturaleza y principalmente por los límites que imponen las zonas de escurrimiento de las aguas superficiales (las caídas por precipitación) y que convergen hacia un mismo cauce conformando lo que se conoce como el curso de un río.

En estricto las cuencas hidrográficas suponen determinadas formas de asociación o interrelación de los diferentes recursos o componentes contenidos en su espacio (agua, suelo, flora, fauna, etc.), ofreciéndonos determinados bienes y servicios ambientales para satisfacer las necesidades humanas. De forma general sus componentes bióticos y abióticos responden a una dinámica natural y social de interacción continua pero con diferentes magnitudes, procesos, resultados e impactos. En tal sentido, cuando ocurre la manipulación no integrada (disfuncional) de alguno de sus componentes puede definir problemas agudos y conflictos en la misma. Pero, de otro lado, también puede haber beneficios circunstanciales (generalmente no permanentes) en otra parte de la misma. Por ejemplo, el incremento de las lluvias que ocurren en la parte alta de la cuenca incrementa su reserva de acuíferos al mismo tiempo que puede producir perjuicios en la parte baja por la mayor erosión de los suelos o por la ocurrencia de inundaciones. En ambos casos, los beneficios o perjuicios que produzca la función o disfunción de alguno de los componentes biofísicos de la cuenca, pueden ser (normalmente lo son) acentuadas por la acción antrópica. De hecho los asentamientos humanos y sus redes de articulación vial, o las actividades productivas extractivas (agrícolas, mineras, petroleras, etc.) que operan en la cuenca generan beneficios pero también problemas de irracionalidad ambiental (las externalidades negativas).

Es así que para la mejor gestión de los diferentes componentes de las cuencas hidrográficas debemos contar con algunos criterios de ordenamiento territorial. Por eso, al menos en términos teóricos, podemos considerar que las cuencas constituyen escenarios biofísicos y sociales muy interesantes y aparentemente ventajosos para realizar ensayos de modelación territorial y de ordenamiento gradual de sus distintos componentes en una perspectiva ambiental de desarrollo. Sin embargo, por sus dimensiones y sus características estructurales y de funcionamiento, las convierten en escenarios altamente complejos y heterogéneos, con diferentes grados de dificultad espacial-temporal para aplicar tales criterios.

A pesar de ello, en sus ámbitos nos es posible identificar y delimitar unidades territoriales con características de homogeneidad biofísica, con ciclos biogeoenergéticos específicos y donde además es posible zonificar las actividades de los diferentes agentes socioeconómicos para definir los criterios de ordenamiento conducentes -en el corto, mediano y largo plazo- hacia su desarrollo integral. (Fragmento)

 
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